Querida Nicaragua: Debe estar pésimamente informado el señor presidente de la Cámara Electoral de la República Dominicana, don Roberto Rosario, cuando ha invitado a dar cátedra de cedulación y registro de votos al inefable doctor Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua y especialista en producir fraudes al por mayor.
Robertito, como cariñosamente le llaman sus amigos, bien puede hablar dos y hasta seis horas sobre su experiencia en Nicaragua; experiencia en emitir cédulas, entregar cédulas solamente al partido que el Gobierno quiera que gane, a resucitar muertos para que aparezcan votando, a repartir cédulas como si fueran cartas de naipe a sus compañeros de partido, inclusive enviándoselas a su propia casa, mientras los ciudadanos comunes y corrientes hacen filas suplicantes, y quienes no desean hacer filas tienen que pagar 300 córdobas para obtener su cédula.
En todo esto es especialista don Robertito, y es todo esto lo que hace que al final los fraudes sean más fáciles, aunque perfectamente visibles y discutibles y que al final gane siempre el presidente, quien es al mismo tiempo candidato.
Don Robertito tiene no solo un doctorado en manejo electoral, tiene también un posgrado y varios doctorados honoris causa. Seguramente por estos títulos lo han invitado a dictar cátedra de cedulación en la Cámara Electoral de la República Dominicana.
Felicitamos a don Robertito en su mansión palaciega de San Juan del Sur, todo un castillo europeo en el Caribe.
Por estas y otras cosas que aquí ocurren nuestro pueblo dice que Nicaragua es el país donde el plomo flota y el corcho se hunde. Rippley debería darse una vueltecita por aquí.
Otro botón de muestra. El señor don Daniel anunció, o insinuó, o dijo que para el caso es lo mismo porque como en la canción “su palabra es la ley”, que mandaría una brigada médica nicaragüense, en un acto de solidaridad a sus camaradas de Palestina, al grupo terrorista Hamás que pretende desaparecer del mapa a Israel.
La pobre Nicaragua con un lamentable sistema hospitalario, donde el ciudadano entre más humilde es más maltratado, donde faltan medicinas y médicos, se dará el lujo de enviar una brigada médica a la Franja de Gaza.
Si lleváramos una estadística podríamos dar los nombres y apellidos de la pobre gente que se aparece ante nosotros con una receta que le dieron en el hospital para que compre las medicinas en una farmacia.
El costo de las mismas equivale a medio mes de su salario como doméstica, en el caso de que estuviera empleada, pero no lo está.
Es curioso que el presidente impuesto por el CSE se ocupe de asuntos tan lejanos como el pleito de Hamás, siendo que en nuestro país hemos tenido graves problemas como el de la roya, que no merecieron ni la más mínima atención por parte del Gobierno. No movieron un dedo para ayudar a luchar contra la plaga que ataca al principal producto de exportación que tenemos.
Actualmente la sequía tiene en estado agónico a muchos departamentos del país, estamos observando los llanos resecos y los ganados moribundos enseñando la miseria de sus cacastes, las cosechas perdidas, los pequeños productores alarmados por su ruina y recordando otros tiempos, cuando el “abominable” Somoza ante iguales situaciones mandaba a bombardear las nubes y se salvaban muchas cosechas.
Estamos llenos de problemas como para estarnos ocupando de los problemas que están a miles de millas de distancia y con cuyos individuos no tenemos nada en común.
Este pueblo es Nicaragua y los presidentes, bien o mal electos, deben gobernar para su pueblo, preocuparse por los problemas de su pueblo, y hacer lo posible por resolverlos, no los de otras naciones o grupos.
Un presidente tiene la obligación y el deber de no confundir sus preferencias políticas con el sagrado deber de gobernar para todo su pueblo sin distingos de raza, religión ni preferencias políticas. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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