En el año 2000, de cara al ingreso en un nuevo siglo y un nuevo milenio Nicaragua suscribió, junto con otros 188 Estados miembros de las Naciones Unidas, el compromiso de realizar los esfuerzos necesarios para alcanzar, antes del 2015, los llamados Ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Acercándose la fecha en que cada Estado deberá informar a las Naciones Unidas sobre el grado de cumplimiento de estos Objetivos, conviene recordarlos para que los especialistas de las diferentes organizaciones de la sociedad civil, que trabajan en campos relacionados con los ODM, lleven a cabo investigaciones serias para constatar su grado de cumplimiento. Esto, ante la posibilidad que el actual gobierno, acostumbrado a maquillar las estadísticas oficiales, presente a las Naciones Unidas un informe triunfalista que no refleje nuestra realidad.
En apretada síntesis, los ODM son los siguientes: 1) Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Al menos reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día; 2) Lograr la enseñanza primaria universal. Este compromiso no se satisface con simples datos cuantitativos; lo que se persigue es universalizar una enseñanza primaria de calidad; 3) Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer que implica, entre otras cosas, la igualdad en cuanto al acceso a cargos públicos, al trabajo, a la propiedad y a salarios iguales por desempeños iguales; 4) Reducir la mortalidad infantil; 5) Mejorar la salud materna; 6) Combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades contagiosas. Los enfermos de sida en Nicaragua se quejan de que no reciben atención ni tratamiento adecuado. 7) Garantizar la sostenibilidad del medioambiente: ¿Existe una política pública, dotada de los suficientes recursos, que garantice el cumplimiento de esta meta? ¿Qué puede informar nuestro Gobierno al respecto después que ha otorgado una concesión canalera que destruirá nuestro lago Cocibolca?; 8) Fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo: Los países más avanzados deberán destinar el 0.7 por ciento del PIB a la ayuda al desarrollo de los países más pobres.
Varios de los países en desarrollo que se comprometieron con estos objetivos posiblemente no podrán cumplirlos. Nicaragua estará entre ellos en cuanto a varios de los objetivos.
Limitándonos al objetivo segundo, la posibilidad de alcanzar la enseñanza primaria universal, es remota si tomamos en cuenta que, según cifras oficiales, de cada cien alumnos que ingresan al primer grado de primaria solo 57 logran llegar al sexto grado. Es la tasa de sobrevivencia en el sistema escolar más baja de Centroamérica. Además, la tasa neta de escolaridad en el nivel de primaria ha permanecido estancada en un 87.2 por ciento en los últimos años, si bien la tasa de escolaridad ajustada es de 92 por ciento, según el Informe de Gestión del Buen Gobierno 2013, presentado por el ejecutivo a la Asamblea Nacional. El nivel promedio de escolaridad de la población es de 5.6 años. Y de 3.6 años en las zonas rurales.
En agosto de 2009 el Mined declaró a Nicaragua como “territorio libre de analfabetismo”, asegurando que la tasa se había reducido al 3.6 por ciento. Ahora se dice que el “Yo sí puedo” la redujo al 5 por ciento. Sin embargo, la Encuesta Continua de Inide encontró, en 2010, una tasa de analfabetismo del 14.5 por ciento. La Cepal, en reciente informe, nos asigna una tasa del 30 por ciento, ¿cuál es la tasa real?
Por otro lado, los recursos asignados del Mined descendieron este año a 3.7 por ciento del PIB, cuando el promedio de los últimos años había sido de 4.3 por ciento. La reciente reforma presupuestaria le quita al Mined 116.8 millones.
La Estrategia Educativa que el Gobierno dio a conocer en abril de 2010 se proponía, con un optimismo carente de base, que Nicaragua alcanzara los seis grados de escolaridad en el 2012 y los nueve en el 2015.
Si todos los gobiernos, a partir del año 2000, hubieran realmente priorizado la inversión educativa, la rendición de cuentas de Nicaragua, en este aspecto, sería más positiva.
El autor es escritor y jurista.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A