Panacea
Puede que no haya más frijoles, que las vacas mueran resecas por falta de agua y que la hambruna se generalice en el norte por la sequía. Puede que se tengan que recortar millones en Educación y Salud, porque ya no hay más dinero. Puede que los nicaragüenses nos estemos matando unos a otros por el odio que se ha incubado desde las más altas esferas del poder. Puede que seamos los pobres más pobres de América Latina. Puede que nuestro país se haya empeñado por una promesa, puede que ya haya llegado el Chikungunya, puede que realmente estemos fregados, pero, siempre, siempre, habrá árboles de la vida como la mejor solución que conocen los que administran este país para resolver todos nuestros problemas.
Austeridad
Me parece bien que, en estos tiempos de vacas flacas, se hagan recortes de gastos y se estimule la austeridad. Es justo. Es lo que toca. Lo que resulta inaceptable es que mientras a los hospitales y a las escuelas se les pide que se zoquen la faja, mientras se les niega la mano a los ganaderos porque “no da la cobija”, llene el país de megarrótulos y se manden a construir no uno, sino cincuenta árboles de la vida más, cuyos costos se han calculado entre 20,000 y 70,000 dólares cada uno. No estamos hablando de centavos. Son entre un millón y tres millones y medio de dólares, gastados en algo que la mayoría de los nicaragüenses ni queremos, ni entendemos.
Religión
No nos equivoquemos, los árboles de la vida no están colocados para que se vean bonitos, como muchos creen y justifican. Esos árboles amarillos tienen que ver con las íntimas convicciones religiosas de la primera dama. Tiene todo el derecho de tenerlas en este país, donde, todavía, la libertad de culto está permitida. Pero las creencias particulares de doña Rosario no deberíamos pagarlas todos, usando para ello el dinero y los espacios públicos. Para la gran mayoría de los nicaragüenses, incluyendo aquellos que simpatizan con el Gobierno, estos son solo unos grandes árboles amarillos de metal que, en el mejor de los casos dirán, “se ven bonitos”, pero nunca compartirán la significación religiosa con que fueron concebidos. Probablemente ni la conozcan.
Financiamientos
Qué cáscara. Quieren hacernos creer que los gigantescos rótulos que hacen culto a Daniel Ortega se pagan con dinero privado y no público. ¿Cómo? No nos enredemos, el Frente Sandinista es un partido que difícilmente se mete la mano en su propia bolsa y la mayoría de sus simpatizantes actuales están ahí para recibir prebendas, no para darlas.
Capital y coimas
Pero ya que el diputado José Figueroa dice que el dinero de los megarrótulos sale de la bolsa del Frente Sandinista, sería interesante saber cómo ocurre eso, para entender, uno, cómo es que ese partido llegó a tener capital propio, si es que lo tiene, y dos, la dimensión real de la “cuota del partido”, una coima que le cobran a los nicaragüenses por trabajar para el Estado.
La ley
Qué país es este donde los magistrados de la Corte Suprema de Justicia reúnen a los jueces y “operadores de la justicia”, como gustan llamarles a los fiscales y policías, para explicarles cómo es que por esta vez un reglamento vale más que una ley, en contradicción con lo que enseñan en todas las universidades del mundo. Para dejar de estar haciendo el ridículo cada vez y cuando, deberían aprovechar ahora que tienen los votos para hacerlo e integrar a la constitución un párrafo que más o menos diga así: “Daniel Ortega es fuente de todo derecho. Lo que diga o se le ocurra está en la cúspide de la pirámide legal, por encima de la Constitución y las leyes”.
Elefantes blancos
Tanto el Parlacen como la Corte Centroamericana de Justicia son dos elefantes blancos que mucho gastan y poco hacen. Esta Corte y este Parlamento son la ficción de que estamos haciendo algo por la Unión de Centroamérica, cuando en realidad no se está haciendo nada. Es el invento políticamente correcto, un eufemismo, que encontraron los partidos para mandar al retiro con gastos pagados a aquellos de los suyos que ya están fuera de la jugada.
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