Los ciudadanos nicaragüenses que se preocupan por la situación actual del país y su futuro, fueron impactados por la información publicada a mediados de la semana pasada, de que Nicaragua se puede convertir en un Estado fallido.
La información fue dada a conocer por Fund for Peace, un organismo no gubernamental de Estados Unidos que trabaja para prevenir los conflictos violentos y, en conjunto con la revista Foreing Policy (Política Exterior), estudia la situación de estabilidad o inestabilidad política y social en el mundo. A partir de ese estudio ambas entidades elaboran una lista anual de países, en la cual los que ocupan los lugares más altos son los que sufren mayor inestabilidad y corren el riesgo de caer en la situación de Estados fallidos, y al contrario, los que se ubican en los primeros lugares son los más estables y consolidados.
En el Índice de Estados Fallidos de este año, Nicaragua ocupa el lugar número 73 entre los 178 países que fueron analizados, una posición que no es tan peor en comparación con Sudán del Sur y Somalia, que a todas luces son Estados fallidos y por eso están ubicados en los lugares 178 y 177 del ranking. Sin embargo Nicaragua también se encuentra muy lejos de los honrosos primeros lugares del índice, en el cual el número uno es Finlandia.
De acuerdo con los criterios establecidos por Fund for Peace y Foreing Policy para calificar a los Estados fallidos, estos son aquellos donde se ha perdido el control físico del territorio del país o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza (o sea que al lado del ejército y la policía operan en plan de igualdad poderosas fuerzas armadas irregulares); donde no hay una autoridad legítima que tome las decisiones que la población debe acatar; donde el Gobierno ni siquiera puede suministrar los servicios básicos; y el Estado carece de capacidad para interactuar con los otros Estados en la comunidad internacional.
Pero este no es el caso de Nicaragua, donde el Estado, en tanto que maquinaria política, burocrática, policial y militar más bien es todo poderoso, ejerce un control absoluto sobre la población y el Gobierno escupe en rueda en la comunidad internacional. Lo fallido en Nicaragua no es el Estado como conjunto de instituciones y mecanismos que tienen la potestad y la fuerza para asegurar que se acaten las normas que regulan la sociedad y tiene el dominio del territorio nacional y capacidad de ejercicio de la soberanía interna y exterior. Por el contrario, debido a la acumulación y centralización de poder en manos de Daniel Ortega y su camarilla, y por la pasividad y el temor en que vive la población, se puede asegurar que en Nicaragua más bien hay demasiado Estado y un ejercicio desmesurado del poder político, policial y militar.
En Nicaragua no hay un Estado fallido, en el estricto sentido de este concepto. Lo fallido aquí es la democracia y el derecho, simplemente porque no hay elecciones libres y limpias que permitan cambiar gobierno, porque la justicia no es independiente sino partidista y corrupta, porque la independencia de poderes dejó de existir y porque no se respeta el derecho al debido proceso, ni la igualdad de todos los nicaragüenses ante la ley, etc.
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