GAZA/ AFP
Los habitantes de la Franja de Gaza realizaron ayer por primera vez, desde el 8 de julio que inició la ofensiva israelí, la tradicional oración del viernes sin temer a los bombardeos israelíes, que mataron a 1,800 palestinos en poco más de un mes. Del lado de Israel 64 soldados y tres civiles murieron.
Como en otros lugares de este superpoblado enclave, los supervivientes del campo de refugiados de Shati acudieron a la mezquita gracias a un alto al fuego de cinco días entre Israel y Hamás, que es menos precario que los anteriores y que encuentra su fin el lunes.
Pese a que los bombardeos israelíes solo dejaron en pie una tercera parte del edificio de hormigón, algunos hombres desplegaron su alfombra para rezar a la sombra de un inmenso minarete volcado, sustentado ahora por los edificios circundantes.
Los ataques israelíes destruyeron decenas de mezquitas como esta, cuyo imán insta durante el rezo a la destrucción de Israel. El Estado israelí justificó sus ataques contra estos edificios religiosos, ya que, según este, los combatientes palestinos se escondían allí para lanzar sus cohetes contra el territorio israelí.
La prolongación del alto al fuego o una tregua duradera depende de las negociaciones entre israelíes y palestinos con la mediación de Egipto, en El Cairo.
En Israel ayer había preocupación sobre las consecuencias de la guerra en las relaciones con Estados Unidos. Según Wall Street Journal, los dirigentes estadounidenses, preocupados por la desproporción de los medios en la ofensiva, descubrieron que Israel recibió municiones del Pentágono sin la aprobación de la Casa Blanca, ni del Departamento de Estado. Washington habría reforzado los controles sobre estas entregas de armas.
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