Para quienes tengan la amabilidad y el tiempo disponible para leer esta columna, pero no leyeron las de los dos sábados anteriores, debo decirles que de manera temporal he dejado a un lado los temas de mitología, para —por petición de un estimado amigo— escribir varios artículos sobre los emperadores de la antigua Roma (a fin de comparar, me dijo el amigo, si la forma de gobernar que hay ahora en Nicaragua se parece en algo a la de los césares). De allí que las dos anteriores columnas hayan sido Los césares y el cesarismo, el sábado 26 y Suetonio y los doce césares, el sábado 2 de agosto.
Ahora bien, para situarnos en el imperio romano y los gobiernos de los emperadores que fueron llamados césares, conviene hacer una referencia aunque sea muy general —que es lo que permite una columna como esta—, a los antecedentes del régimen imperial que, obviamente, no nació de repente, pues, como dice el antiguo axioma que se suele atribuir al filósofo griego Parménides, “nada nace de la nada”.
Sin entrar en detalles sobre la leyenda y la historia de los orígenes de Roma, en la cual, como ocurre siempre en estos casos, lo histórico y lo legendario se mezclan y confunden al grado que se termina por no saber a ciencia cierta qué fue real y qué solo imaginación, me limitaré a mencionar solamente las formas de gobierno de los romanos antes de llegar al imperio, sin entrar en mayores detalles.
Dice Isaac Asimov, famoso historiador estadounidense de origen ruso judío, cuyos padres huyeron de la Rusia comunista soviética hacia Estados Unidos, que si bien la leyenda narra que Roma fue fundada por los hermanos Rómulo y Remo, quienes habrían sido amamantados por una loba, la historia enseña que se habría formado a partir de la unión de tres tribus vecinas: los etruscos, los sabinos y los latinos. Precisamente la palabra tribu viene de tres, subraya Asimov en La República Romana , el quinto volumen de su monumental Historia Universal Asimov que consta de 14 tomos.
Asimov asegura que no hay un dato histórico exacto de la fecha de fundación de Roma, pero que según la creencia tradicional se habría fundado en el año 753 antes de Cristo. Su primera forma de gobierno fue la monarquía, o sea que era gobernada por un rey nombrado por un consejo integrado por los hombres más viejos de la ciudad, al que llamaban senatus (de senex, hombre viejo). Y si se mezcla este dato del origen de Roma con la versión legendaria de que su primer rey habría sido Rómulo, a partir de este la ciudad tuvo seis reyes más que fueron: Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Lucio Tarquino Prisco, Servio Tulio y Lucio Tarquino el Soberbio.
En el año 509 antes de Cristo, el último de los reyes de Roma, Lucio Tarquino el Soberbio, fue derrocado por la población porque su hijo, Sexto Tarquinio, ultrajó sexualmente a una honorable dama llamada Lucrecia quien era muy respetada por los romanos. Destrozada moralmente por la deshonra sufrida, Lucrecia se quitó la vida con un puñal, pero antes de matarse clamó públicamente por venganza y justicia. Entonces los romanos juraron que nunca más volverían a ser gobernados por un rey y adoptaron la república como forma de gobierno.
El poder político de la ciudad de Roma fue entonces ejercido por dos cónsules, quienes eran elegidos cada dos años entre los ciudadanos que tenía más de 42 años de edad. Originalmente los cónsules (palabra que literalmente significaba “los que van juntos) eran llamados pretores (jefes o caudillos), porque entre sus obligaciones principales estaba la de comandar el ejército, en los tiempos de guerra. Y en los períodos de paz, los cónsules tenían amplias facultades administrativas, legislativas y judiciales, inclusive religiosas.
Sin embargo, con el correr del tiempo y como resultado de las luchas políticas, los cónsules fueron perdiendo facultades de gobierno, algunas de las cuales se delegaron a funcionarios ejecutivos llamados cuestores o decenviros. Además, las decisiones de los cónsules tenían que ser aprobadas por el Senado y finalmente este solo les dejó (a los cónsules) algunas funciones legislativas, administrativas y el mando del ejército.
Entonces apareció enla historia la poderosa figura de Julio César, cuya ambición de restablecer la monarquía y proclamarse nuevo rey de Roma creó las condiciones para la desaparición de la república y el advenimiento del imperio.
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