Amalia Morales
Ahora viene el acto más intrépido. La acrobacia de mayor suspenso. Elman se concentra rodando. Va a saltar en patines sobre una mesa de metal que mide más o menos un metro de alto y uno y medio de largo. Antes saltó por encima de sus amigos patinadores. Los muchachos se apilaron como fósforos sobre la plaza de colores del Puerto Salvador Allende. “Le avisan a mi mamá”, grita antes de que él los sobrevuele.
El salto sobre la mesa resulta más complejo. Da una primera vuelta de impulso, pero no concreta. Corre con más velocidad y en la siguiente brinca sobre el mueble metálico. Se desparraman los aplausos del público, casi todos niños, que están sentados en los bordes de la Plaza de Colores este domingo, pasadas las nueve de la noche.
Elman Mercado es el presidente del Club Recate (Rescate del Patinaje), un club de patinadores jóvenes que están intentando eso: rescatar este deporte, sin pistas ni espacios, en el país.
En la actualidad son reducidos los espacios para el patinaje. La plaza de Colores en el Puerto Salvador Allende, es uno de los pocos espacios que existe para este deporte de piernas.
En la esquina opuesta al parque Luis Alfonso estaba prevista la apertura de un área para deportes urbanos, pero aún no se abre.
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En años anteriores, algunos de ellos que no alcanzan ni los 20 años, representaron al país en competencias centroamericanas.
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Mercado, de 22 años, es uno de los que ocupan los patines como su medio de transporte. Rodando sobre ellos vino al Luis Alfonso este martes por la tarde, pero también viaja así hasta la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, donde estudia Mercadotecnia. Pero también, a él y sus amigos es frecuente verlos por la rotonda de Bello Horizonte, corriendo por la Carretera Norte, atravesar el atribulado Gancho de Caminos, o deslizarse por la repellada Avenida Bolívar que, con sus árboles luminosos, parece una pista de patinaje a la que solo le falta la música.
No pasa inadvertida la figura atlética de Jerry, un patinador que esta tarde no ha venido a platicar al parque Luis Alfonso, pero que se distingue en las calles por su gran melena crespa amarilla y sus patines blancos. A veces corre con una máscara.
Jordan Ballesteros, otro de los patinadores, dice que no le da miedo circular en los patines. Al principio le daba cierta pena. Él usaba pantalones zocados y había gente que le tocaba las nalgas. Dice que una amiga sicóloga le dio la idea de ponerse una máscara. Fue así que empezó a ocultarse detrás de Iron Man, un personaje con el que se identifica.
A veces los buseros los insultan, les dicen que son vagos, y ellos no se quedan callados. “Les decimos que se bajen los tripudos y patinen”, dice Jordan, quien cuenta otra anécdota que arranca carcajadas entre sus colegas.
“Una vez necesitaba dinero y venía doblando un carro y solo me tocó, y me tiré y le saqué como 500 córdobas, hasta el Alemán (hospital) me llevaron y todo”, confiesa Jordan la que ha sido su única trampa.
Elman dice que a veces viajan fuera de Managua en patines. “Hemos ido hasta Chinandega agarrados de los vehículos. Pedimos permiso”, cuenta el presidente de Recate y agrega que así han corrido a una velocidad hasta de 90 kilómetros por hora.
RESCATAR EL PATINAJE
Elman dice que todos ellos son patinadores profesionales, que han estado ligados a la Federación de Patinaje, pero como no se organizan competencias ni hay actividad, ellos practican por la libre distintas ramas de este deporte.
“El patinaje se divide en slalom, agresivo y velocidad”, aclara Elman. Él practica slalom que “consiste en colocar unos conos a cierta distancia, deslizar los pies y hacer algunos trucos y piruetas”.
El agresivo es el más peligroso. Requiere de una destreza de gato para dar saltos y giros del cuerpo más allá de los 360 grados, según explica Elman. Dentro de Recate hay un grupo que lo practica. Y la tercera rama es la velocidad.
Steven Vílchez, uno de los que practica el patinaje agresivo, cuenta que hace poco organizaron un evento en Rivas y vino un colombiano a enseñarles distintos trucos.
¿DÓNDE PATINAR?
Además de las calles, este grupo de patinadores, que también organiza algunas competencias de velocidad, empieza a ocupar algunos espacios amplios para sus acrobacias. En el parque Luis Alfonso Velásquez, recién lograron que la administración les permitiera hacer espectáculos cortos de slalom.
La Plaza de la Revolución frente al Palacio Nacional es otro de los lugares donde aprovechan para patinar y también para impartir clases.
Los fines de semana, van al Puerto Salvador Allende y allí se están haciendo un espacio en la Plaza de Colores, cuando no hay eventos.
El dinero que recogen tras las presentaciones lo usan para sobrevivir pero también para montar algunas competencias de patinaje. Porque el propósito de Elman, y de los otros, es ese: que el patinaje siga vivo y coleando.
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