BOGOTÁ/AFP/EFE
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, advirtió hoy a las FARC que los actos violentos como los registrados en las últimas semanas son «inaceptables» y ponen el riesgo el proceso de paz que se lleva a cabo en Cuba.
«Señores de las FARC: ¡están advertidos!», dijo Santos en un discurso tras haber jurado como presidente para un segundo mandato.
También dijo que no se entiende que mientras en La Habana se habla de paz, en Colombia las FARC cometan actos terroristas.
«Y quiero aquí quiero hacer una advertencia: los hechos de violencia de las últimas semanas son una contradicción inaceptable, y ponen en riesgo el mismo proceso», enfatizó el jefe de Estado.
En las últimas semanas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desataron una ofensiva terrorista que, además de daños a las infraestructuras energéticas y al medioambiente, causaron la muerte a varios civiles, policías y militares.
El presidente agregó que nadie entiende que las FARC «sigan causando víctimas civiles, incluyendo niños, como ocurrió en Miranda», en el departamento del Cauca (suroeste) en donde una niña de solo dos años murió al ser alcanzada su vivienda por explosivos lanzados por guerrilleros contra una base militar.
«La paciencia de los colombianos y de la comunidad internacional no es infinita», expresó el mandatario, quien reclamó a las FARC «actos de paz. Eso es lo que Colombia pide hoy».
Santos advirtió también a la guerrilla que «la guerra sigue mientras no se llegue a un acuerdo» en La Habana, pero pidió que no lancen acciones violentas contra las mujeres y los civiles en general y que no ataquen la infraestructura del país.»¡No dinamiten las vías de los campesinos! ¡No más pueblos sin luz o sin agua! ¡No más petróleo contaminando nuestros ríos!», afirmó el presidente. EFE
Santos asumió este jueves por segunda vez consecutiva la Presidencia de Colombia, a la que fue reelegido con la promesa de alcanzar la paz con las guerrillas de izquierda en un país azotado por un conflicto armado de más de 50 años.
«Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia», dijo el político de centroderecha, que ganó con el 50.6% de los votos y el apoyo de la izquierda, en la ceremonia de posesión que comenzó sobre las 15:00 locales (20:00 GMT) en el Patio de Núñez, situado entre el Congreso y la Casa de Nariño (palacio de gobierno), en el centro de Bogotá.
«Todos unidos queremos la paz, porque Colombia quiere paz», cantaban niños vestidos de blanco mientras Santos y su familia avanzaban poco antes por la alfombra roja hacia la tarima principal.
Cientos de invitados, entre ellos los presidentes de Ecuador, Rafael Correa y de México, Enrique Peña Nieto, y el rey emérito de España, Juan Carlos I, seguían el acto en un ambiente adornado con banderas gigantes de Colombia, bajo paraguas blancos para protegerse del fuerte sol, que salió tras una llovizna pertinaz.
Entre los ausentes destacaba el jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro, quien ha dado su respaldo a Santos en su empeño por la paz, pero canceló a última hora su asistencia.
Tampoco estaba presente el exmentor de Santos, el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), actual senador, quien acudió al inicio de la sesión de juramento en el Congreso, pero se retiró junto a su bancada antes de la aparición de Santos, aduciendo «abusos de poder» y la presencia de representantes de Maduro.
«La bancada del Centro Democrático no participa en la toma de juramento del presidente de la República, doctor Juan Manuel Santos Calderón, por los abusos de poder en su elección y por la asistencia de representantes de Nicolás Maduro», dijo Uribe a periodistas luego de abandonar el recinto.
Convertido en el principal opositor al gobierno de Santos y al proceso de paz que éste adelanta desde noviembre de 2012 con la guerrilla de las FARC, Uribe afirmó que «el gobierno de Venezuela ha protegido la permanencia de narcoterroristas colombianos» en ese país.
Santos, electo por primera vez hace cuatro años tras liderar la mayor ofensiva contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas), cuando era ministro de Defensa de Uribe, devino en el gran impulsor de las negociaciones de paz con esa guerrilla, la principal del país con unos 8,000 combatientes.
Además de las conversaciones con las FARC, que tienen lugar en Cuba, Santos anunció, poco antes de su reelección el 15 de junio, el inicio de diálogos exploratorios tendientes a la pacificación del Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevaristas), segundo grupo rebelde de Colombia con 2,500 miembros.
Acortar la brecha social
La paz es la mayor obsesión de este economista liberal formado en Londres y promotor de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Asia y Europa, pues está convencido de que acabar con la guerra interna permitirá una mayor inversión social en un país donde más de 32% de sus 47,7 millones de habitantes es pobre.
A sus casi 63 años, que cumplirá el domingo, Santos no sólo aspira a sellar un histórico fin de la violencia en Colombia, sino a ser el presidente que acortó la brecha social.
Santos no está solo en su cruzada. Lo respalda su flamante vicepresidente, Germán Vargas Lleras, y muchos líderes regionales y mundiales. Y aunque en el ámbito legislativo está Uribe, el más férreo opositor al proceso de La Habana, para quien pactar con los guerrilleros sólo traerá impunidad, Santos también cuenta con mayorías parlamentarias.
«En el Congreso a partir de hoy empezaremos a sacar adelante la legislatura de la paz», dijo el presidente de ese cuerpo, José David Name, tras imponerle la banda presidencial.
Pero el camino no será fácil.
En los últimos días la guerrilla realizó ataques que causaron la muerte de civiles y daños ambientales y a la infraestructura, lo que motivó una advertencia de Santos. «Están jugando con candela», dijo.
Las conversaciones de paz se adelantan sin un cese del fuego, que según Santos podría fortalecer a los rebeldes.
En paralelo a la pacificación, Santos deberá atender otros temas urgentes para superar la desigualdad en Colombia, que atraviesa quizás el mejor momento económico de su historia – cerró 2013 con un crecimiento de 4.7% -, pero tiene pendientes reformas en salud, educación y justicia, además de cambios en su sistema político que exige la oposición.