El soldado ucraniano Pavel observa a los periodistas que entran en la tienda de campaña en la que descansa junto a sus compañeros —cerca de 400, según Moscú— con los que el lunes cruzó la frontera ruso-ucraniana para entregarse.
«Nos ordenaron entregarnos. Las órdenes son las órdenes, pero en esta ocasión habría preferido no obedecer», reconoce a una periodista de AFP. «Ya no teníamos munición, no podíamos combatir desde hacía 24 horas. Recibimos la orden de cruzar la frontera. No queríamos entregarnos, pero era la única solución», explica otro soldado ucraniano. Éste tampoco quiere dar su nombre completo para no «participar en esta operación de propaganda» del ejército ruso, dice señalando a la marea de periodistas que han viajado desde Moscú por invitación del ministerio ruso de Defensa.
La mayoría de los soldados ucranianos rechazan hablar con la prensa y prefieren refugiarse en un bosque cercano para evitar las cámaras. «No quiero que mi familia piense que soy un traidor. No sé qué os cuentan los rusos, pero ni uno de nosotros piensa quedarse aquí», asegura Pavel. «Nuestro país es Ucrania y estoy convencido que nuestra lucha contra los rebeldes es justa», añade su compañero.
Tras unas primeras operaciones fracasadas contra los separatistas prorrusos en el sudeste del país, hace más de un mes, el ejército ucraniano aceleró su avance y se acerca a los bastiones insurgentes de Lugansk y Donetsk, a los que intenta aislar de la frontera rusa, por donde Kiev asegura que los rebeldes reciben armas.
De los 438 soldados que cruzaron la frontera rusa el lunes por la mañana, unos 180 la lo hicieron en sentido contrario unas horas más tarde, según los Servicios Ruso de Seguridad (FSB).
Acogida a los «hermanos eslavos»

Por su parte, un portavoz ucraniano dijo desde Kiev que los soldados no habían desertado, sino que se habían visto «obligados a replegarse hacia un puesto fronterizo ruso tras un intento de ataque».
«No se rindieron», afirmó Oleksi Dimitrashkivski, portavoz de la «operación antiterrorista», como la denomina el órgano ucraniano encargado de las operaciones militares contra los separatistas prorrusos.
Los que se quedaron se alojan en grandes tiendas de campaña del ejército ruso, instaladas en campos de trigo que rodean el puesto de control de Gukovo. A pocos kilómetros, en el este de Ucrania, siguen los combates entre fuerzas gubernamentales y separatistas prorrusos, que según Occidente cuentan con apoyo de Moscú. «Vinieron espontáneamente, no tenían órdenes, si no, nos habrían avisado», asegura a AFP Vasili Malaev, portavoz regional del FSB. «Luego supimos que no iban a atacar la frontera, no estaban armados», añade.
Este responsable niega que exista una campaña de propaganda: «Se trata más bien de una operación humanitaria», señala. «Si los soldados deciden quedarse en Rusia, serán bienvenidos. Pueden quedarse tanto tiempo como quieran y obtener el asilo en Rusia», como los refugiados del este de Ucrania, cuyas tiendas se levantan a un centenar de metros. «Les hemos construido un campamento donde recibirán comida, donde podrán lavarse en una 'banya' [sauna rusa] y otras cosas básicas», explica.
Anton Chingara, uno de los pocos soldados ucranianos que acepta dar su nombre completo, explica ante los micrófonos y las cámaras «la buena acogida» que les ha dado el ejército ruso a «sus hermanos eslavos». Pero él también espera volver pronto a Ucrania.