El agro: entre el rezago, el riego y sequía

En los últimos tiempos el país ha experimentado una sucesión de eventos meteorológicos extremos que ha empeorado la vulnerabilidad de las familias que viven en el corredor seco. En casos de sequía severa se pone de manifiesto la vulnerabilidad no solo de los productores del corredor seco y de granos, sino de gran parte del sistema agropecuario.

Adolfo Acevedo Vogl (*)

En los últimos tiempos el país ha experimentado una sucesión de eventos meteorológicos extremos que ha empeorado la vulnerabilidad de las familias que viven en el corredor seco. En casos de sequía severa se pone de manifiesto la vulnerabilidad no solo de los productores del corredor seco y de granos, sino de gran parte del sistema agropecuario.

La sequía se relaciona principalmente con la distribución anómala de la precipitación dentro del período lluvioso. En los eventos más críticos, la anomalía aumenta por un déficit de precipitación total anual o se prolonga durante todo el período de la postrera. La variabilidad del régimen de lluvias contribuye significativamente a los riesgos que los agricultores con menos activos enfrentan en su vida diaria, y esta incertidumbre constriñe sus expectativas económicas. Por otra parte, la economía del país se caracteriza por la persistencia de una agricultura de muy baja productividad en donde todavía labora un tercio de la población ocupada en actividades en muchos casos equivalentes al subempleo. El esfuerzo de desarrollo del país pasa necesariamente por resolver el problema de la bajísima productividad y dinamismo de una agricultura predominantemente extensiva, concentrada desde hace mucho tiempo en muy pocos rubro de escaso valor agregado.

El margen más importante para el incremento de la productividad agrícola estaría dado por la mejora significativa del rendimiento productivo por unidad de superficie y del aumento de la intensidad del uso de la tierra. Existe un amplio margen para incrementar los rendimientos porque las grandes brechas en el rendimiento con respecto al máximo obtenible crean la oportunidad de un rápido crecimiento de los mismos. El desarrollo de sistemas eficientes de riego potencial de incrementar significativamente el rendimiento de los cultivos y obtener una elevada productividad del agua.

Nicaragua está dotada de la mayor disponibilidad relativa de agua en la región. Esta disponibilidad comparativa de agua facilitaría implementar amplios programas de riego: se estima que el potencial para el desarrollo de la agricultura bajo riego es de alrededor de 1,210,100 hectáreas. Sin embargo, el área bajo riego es solo del 3.7 por ciento del área bajo cultivo, también similar al del África sub-sahariana de cuatro por ciento, y muy inferior al promedio de Asia del Sur de 39 por ciento o de Asia del Este de 29 por ciento.

El riego reduciría sustancialmente la dependencia de los cultivos con respecto a la variabilidad de las lluvias y a la sequía. El riego es fundamental para la producción confiable de alimentos, y para la seguridad alimentaria de los propios productores. El área cosechada de primera podría expandirse con la confianza de no verse afectada por la falta de lluvias, y se podrían obtener cosechas en época de verano, dando como resultado múltiples cosechas en lugar de una, con mayores rendimientos, facilitando una mayor diversificación de cultivos, hacia cultivos de alto valor.

Más que cualquiera de los países de la región, Nicaragua enfrenta el reto de acelerar la diversificación de sus exportaciones de productos no tradicionales, mediante un procesamiento con valor agregado, mediante cadenas de valor agroindustrial y los servicios de apoyo y conexos. A la vista de estos hechos, resulta inexplicable la prolongada ausencia de políticas de fomento orientadas al desarrollo de una agricultura bajo riego.

Los países en que la productividad agrícola se ha incrementado con rapidez, han implementado políticas orientadas a la adecuada provisión de bienes públicos y semipúblicos indispensables que, bajo condiciones normales, serían sub-provistas o no lo serían del todo: instituciones de investigación y extensión de amplia cobertura, infraestructura de riego y drenaje, infraestructura vial para mejorar el acceso a mercados y modernización de las vías de comercialización, y provisión de crédito.

* Economista

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COMENTARIOS

  1. REFUTANDO
    Hace 12 años

    No entiendo el punto de Jose L., cuando dice que los empresarios «cuando hay bonanza se reparten ellos», el estado tambien se beneficia de forma directa con el chorro de impuestos, ademas con el super negocio de los combustibles, perfectamente se pueden apoyar y promover estas actividades de apoyo a los sistemas de riego. Es un asunto de voluntad gubernamental, el gobierno debe ser el promotor del desarrollo, no regalando, sino facilitando las cosas.

  2. José L. Lopez V.
    Hace 12 años

    Todo es cierto, pero volvemos al problema, por un lado los empresarios quieren que el Estado (es decir los contribuyentes) les den todo. Cuando hay bonanza se la reparten ellos, cuando hay crisis quieren repartirla entre todos, bonito negocio. Por otro lado los banqueros no financian a los pequeños productores, pero si fianancian tarjetas de crédito como naipes y tienen su derecho. Ahora los recursos del Estado son deficitarios…El «motor de la economía» tiene la palabra.

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