La vida de Juan Bustos iba hacia ningún lado cuando decidió alistarse en la Fuerza Naval del Ejército de EE. UU. y fue enviado a Japón y otros países asiáticos.
“Ese viaje cambió mi vida. Vi que en todos esos países había jóvenes iguales que yo, con sueños y deseos de vivir mejor, pero no tenían esa oportunidad y yo la estaba desperdiciando”, revela.
Bustos volvió a San Francisco, reinició sus estudios, formó una familia y ahora trata de devolver algo de lo mucho que ha recibido. Y lo hace a través de viajes con jóvenes de su comunidad.
En Nicaragua, Félix Cisneros, de la Embajada de EE. UU., le ayuda a organizar el programa de viaje.
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“Junto con tres amigos establecimos una fundación que se llama Beisbol Sin Fronteras (BWB) y además de regalar material de beisbol, llevamos a chicos de la comunidad”, explica.
Bustos, nacido en el barrio Latino de San Francisco, California, viaja con su esposa y otros amigos y llevan consigo utillajes de beisbol que van regalando por los pueblos donde juegan.
“Ganar o perder es lo menos importante. Vamos ganando amigos. Y lo esencial es que los chicos que hemos traído no serán iguales después de este viaje”, afirma.
Casado con una nicaragüense hace 37 años, Bustos cree que ver otra realidad te cambia la perspectiva que tenés de la vida. Y por eso organiza los viajes con directivos de la Fundación.
“Hacemos bailes o vendemos café para recolectar fondos. Hace poco rifamos un carro. Nosotros pagamos todo en cada viaje. Solo queremos jugar y hacer amigos”, señala Bustos, de 57 años.
A Bustos le tomó 36 años venir a Nicaragua, pero en este último año ha venido cuatro veces y ha jugado y regalado material en El Capulín, Granada; Villa El Carmen, Nindirí y La Paz, Carazo, entre otros lugares.
“Yo fui primero a Japón que a Disneylandia, pero salir de tu entorno te hace a veces apreciar más lo que tienes. Eso deseamos con estos chicos”, asegura.
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