La visita que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hizo esta semana a Daniel Ortega, contrastó notoriamente con la que el anterior secretario general, Kofi Annan, hizo a Nicaragua en marzo de 2002.
Ban Ki-moon vino al país con agenda oculta, sin la información previa que es indispensable en estos casos. Y solo habló con Daniel Ortega, a quien cargó de elogios por su supuesto liderazgo internacional siendo que lo único que ha hecho el hombre fuerte de Nicaragua en ese campo, ha sido apoyar las aventuras geopolíticas de Rusia en el Cáucaso, Crimea y el este de Ucrania, así como justificar los lanzamientos de cohetes de Hamás contra Israel y respaldar el controversial proyecto atómico de Irán, para mencionar tres casos relevantes.
Kofi Annan, en cambio, vino a Nicaragua hace 12 años con una agenda pública, su programa de actividades se conoció antes de que llegara al país y se entrevistó no solo con el entonces presidente Enrique Bolaños y con el Canciller Norman Caldera, sino también con el expresidente Arnoldo Alemán, quien era en ese momento presidente de la Asamblea Nacional y condecoró al ilustre visitante con la Orden Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Y se reunió igualmente con Daniel Ortega, el caudillo del Frente Sandinista que jugaba entonces el papel de líder de la oposición. A ellos y otros más el secretario general de la ONU los escuchó y brindó la atención que merecían
Eso es lo correcto, de acuerdo con los principios de la ONU, no lo que hizo Ban Ki-moon quien solo se reunió o le permitieron reunirse con Daniel Ortega. Naciones Unidas es una asociación de gobiernos, es cierto, pero por encima de todo es una organización de los pueblos. Así lo determina su misma Carta Constitutiva en las primeras palabras de su solemne Preámbulo, que de manera inequívoca se refiere a “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas…”
Para hacer honor a ese principio, Ban Ki-moon debió haber escuchado las otras voces de Nicaragua, no solo la de Daniel Ortega. Pero lamentablemente la ONU ha venido degradando sus principios y compromisos fundacionales, desde que comenzó a llenarse de estados que no son democráticos. Apenas 25 países de los 193 que son parte actualmente de la Organización de Naciones Unidas, son plenamente democráticos. Menos de 60 son las llamadas “democracias imperfectas” y regímenes híbridos, entre los cuales se incluye Nicaragua. Y el resto de los miembros de la ONU son tiranías brutales como las de Cuba, China y Corea del Norte, para solo mencionar a tres de ellas. De manera que es entendible que el secretario general de la ONU quiera quedar bien con todo el mundo, pero en particular con los gobiernos que no son democráticos pero constituyen la gran mayoría de miembros de esa organización internacional.
Personas que conocen los misterios diplomáticos de la ONU estiman que la visita de Ban Ki-moon a Daniel Ortega, un ardiente defensor de Hamás de Palestina, fue para equilibrar su visita a Costa Rica, un país aliado de Israel que condena los bombardeos israelíes indiscriminados a la Franja de Gaza, pero también los lanzamientos de cohetes de los terroristas palestinos contra el territorio del Estado judío. Es posible que haya sido así.
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