Alejandro Serrano Caldera

Diálogo intergeneracional

La agresión de aproximadamente doscientos motorizados a un pequeño grupo que manifestaba pacíficamente y a los periodistas que cubrían la protesta, y sobre todo el ataque de grupos armados contra personas que regresaban de Managua después de participar en la celebración del 35 aniversario de la Revolución Sandinista, refleja, una vez más, la dramática situación en que se encuentra nuestro país en relación al respeto de los derechos de la ciudadanía y los Derechos Humanos.

Ambos hechos merecen el más absoluto rechazo y la más enérgica condena, sobre todo el que deja como saldo personas a las que se les ha quitado la vida y otras más que han sido heridas, a consecuencia de la incalificable agresión armada que sufrieron.

La gravedad de lo ocurrido refleja una crisis profunda que subyace a los acontecimientos mencionados, pues se están produciendo situaciones de violencia de diferente grado y magnitud, que revelan hasta qué punto la intolerancia y el irrespeto a valores fundamentales, están arraigando en nuestra sociedad.

Ver la repetición de estos hechos, inevitablemente nos lleva a reflexionar sobre situaciones semejantes de un pasado que se creía superado y sobre la manera de como se ha venido perdiendo el sentido originario de la lucha del pueblo nicaragüense por restablecer valores y principios de libertad, justicia y democracia y por abolir la intolerancia y la violencia de cualquier lado que venga.

La historia se repite con diferentes protagonistas; los hechos de hoy son una reproducción de otros que en su momento llenaron de indignación y repudio la conciencia de la ciudadanía. Y la pregunta inevitablemente vuelve. ¿Por qué?

La respuesta revela una situación compleja y nos conduce a una difícil reflexión que indica que además de la ambición del poder absoluto, que empieza por medio de la concentración del mismo y continúa a través de la búsqueda de su perpetuidad personal o familiar, existe un problema estructural que atañe a la sociedad en su conjunto. Hay caudillismo no solo porque hay caudillos, sino porque existe una estructura y una cultura social que los produce.

En la base de todo, al lado de la ambición desmedida de quien ejerce el poder, está el tema de la cultura política, como diría don Emilio Álvarez Montalván. Cultura política de signo negativo en la que prevalece la ausencia de un sentido de la institucionalidad como regulador del poder y, correlativamente, se impone la idea del poder personalizado.

En el origen de esta situación se encuentra una sociedad fragmentada que todavía no ha construido la plataforma de valores que permita una integración de los diferentes sectores económicos, políticos, sociales y culturales que la componen.

Uno de los aspectos necesarios a considerar en la búsqueda de ese plano de coincidencias mínimas, lo constituye lo que podríamos llamar el diálogo intergeneracional. Diálogo para encontrar el plano de convergencia de los diferentes puntos de vista que permita construir e integrar una visión más completa de determinada situación histórica.

Es necesario que jóvenes y adultos hablen sobre los problemas del país, lo que exige un intercambio de valoraciones desde diferentes puntos de vista. Se trata de integrar perspectivas y visiones, las que habitualmente cambian a partir de la posición generacional desde la cual se las observa.

Lo más importante es llegar a conocer qué piensa la juventud nicaragüense, o los jóvenes que la integran, pues la juventud no es tampoco un todo homogéneo, sobre los grandes problemas nacionales. Cuáles son las visiones dominantes sobre estos temas y cuales las posibles alternativas para encontrar solución a los mismos. Los jóvenes son depositarios de un repertorio de ideas sobre el presente, las que en un futuro inmediato serán el punto de vista preponderante, al acceder la juventud de hoy a los cargos de dirección de la vida nacional de mañana.

La juventud de una nación, más que la edad histórica o la composición de la pirámide poblacional, la determinan la vitalidad de sus sueños, la capacidad de su esperanza y la fe en el presente y en el futuro. Cuando, como en Nicaragua, la mayoría de sus habitantes son jóvenes, los signos de envejecimiento del país se vuelven mucho más preocupantes y nos revelan dos cosas: la incapacidad de los adultos de rejuvenecer sus ideas y actuaciones, o una relativa indiferencia de los jóvenes ante lo que acontece y la falta de una presencia suficiente en el escenario histórico de Nicaragua.

Convendría reafirmar que la juventud como expresión histórica determinada conforma siempre una generación y la generación, como la percibe José Ortega y Gasset, es una cierta altitud vital desde la cual se siente la existencia de una manera específica. Es “una peculiar sensibilidad”, “un repertorio orgánico de íntimas propensiones”.

La juventud, o mejor los jóvenes que forman una generación, “es una sensación radical ante la vida”, una forma de sentir la existencia en su “integridad indiferenciada”. Las variaciones de sensibilidad vital, nos recuerda el filósofo español, son decisivas en la historia y se presentan a través de las generaciones.

En su libro El Tema de Nuestro Tiempo , en el capítulo dedicado a la Doctrina del punto de vista, Ortega y Gasset dice: “Dos sujetos diferentes, se pensaba, llegarán a verdades divergentes. Ahora vemos que la divergencia entre los mundos de dos sujetos no implica la falsedad de uno de ellos. Al contrario, precisamente porque lo que cada cual ve es una realidad y no una ficción, tiene que ser su aspecto distinto del que el otro percibe. Esa divergencia no es contradicción, sino complemento”… “La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única”.

Ante la situación que vive el país, es importante tener presente la necesidad de un cambio estructural en la sociedad misma, que es la base de toda la organización política, lo que exige de previo, un cambio cultural en lo que se refiere al plano de valores que deben conducir el pensamiento y la acción. Para construir ese nuevo sistema de valores y ese plano de coincidencias mínimas, se requiere de un diálogo múltiple: político, económico, social, intersectorial, y agregaría, de manera particular, es necesario un diálogo intergeneracional a través del cual sea posible percibir los diferentes puntos de vista que juntos pueden llegar a construir la perspectiva integral de la realidad histórica y social de Nicaragua.

Sin ese cambio fundamental en la base social las situaciones como las que hemos mencionado hoy continuarán produciéndose, pues mientras la causa permanezca al no realizarse cambios cualitativos que permitan resultados diferentes, los efectos seguirán siendo los mismos

. El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

Columna del día Opinión Derechos archivo

COMENTARIOS

  1. jose m. fernandez.
    Hace 12 años

    A Isabel y Denis.No ignoren el hecho de q’ Somoza fue el motivo q’ le dio chance al FSLN de apoderarse de Nic.,si hubiera habido una verdadera democracia,los comunistas jamas hubieran estado en el poder.La contribucion de la dictadura somocista fue esencial para el desarrollo del asalto al poder del FSLN.Juan P.La educacion patriotica se cultiva por el pueblo,la falta es de conciencia,estan idiotizados por milagros y promesas,no razonan,no tienen el concepto de lo q’ ES,y debe de SER la patria..

  2. Denis
    Hace 12 años

    Estoy de acuerdo con Isabel. En comparado a hoy estamos mejor co Zomoza

  3. juan pueblo
    Hace 12 años

    Nuestra falta de educacion patriotica no nos ilumina en la escogencia de lideres con espiritu de nacion.

  4. Isabel
    Hace 12 años

    Mi pregunta es como. .?La gente ya esta maleada x este sistema .yo tenia 17 anos para el 79 . Vivi la dinastia de Somoza , y Jamas mire semejante descalabro en todas las institutuciones en el pais. Como ahora . X donde tocas sale pus. Entonces yo soy de las convencidas q estabamos mejor con Somoza.

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