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Presión bajo control

Cuando el corazón bombea sangre ejerce presión sobre las paredes de las arterias. Existen dos tipos de presión arterial: la sistólica y la diastólica, que se miden en milímetros de mercurio (mm Hg). La presión sistólica es la presión de la sangre cuando el corazón late al bombearla, mientras que la diastólica se refiere a la presión de la sangre cuando el corazón descansa entre un latido y el siguiente, explican los especialistas del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.

Cuando el corazón bombea sangre ejerce presión sobre las paredes de las arterias. Existen dos tipos de presión arterial: la sistólica y la diastólica, que se miden en milímetros de mercurio (mm Hg). La presión sistólica es la presión de la sangre cuando el corazón late al bombearla, mientras que la diastólica se refiere a la presión de la sangre cuando el corazón descansa entre un latido y el siguiente, explican los especialistas del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.

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Si no se controla, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón y, a la larga, una insuficiencia cardiaca. Los vasos sanguíneos pueden desarrollar protuberancias (aneurismas) y zonas débiles que los hacen más susceptibles de obstruirse y romperse, indican desde la OMS.

Además, la tensión arterial puede ocasionar que la sangre se filtre en el cerebro y provoque un accidente cerebrovascular. La hipertensión también puede derivar en una deficiencia renal, ceguera o deterioro cognitivo.

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La tensión arterial normal en adultos es de 120 mm Hg cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm Hg cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm Hg o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“En algunas ocasiones la hipertensión causa síntomas como dolor de cabeza, dificultad respiratoria, vértigos, dolor torácico, palpitaciones del corazón y hemorragias nasales. Sin embargo, la mayoría de los hipertensos no presenta síntoma alguno”, añade la OMS.

Asimismo, esta entidad destaca que cuanto más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de daño al corazón, a los vasos sanguíneos y a órganos como el cerebro o los riñones.

FACTOR DE RIESGO

Al igual que en los pacientes más jóvenes, la hipertensión es un factor de riesgo cardiovascular importante, especialmente por su alta prevalencia. La presencia de hipertensión arterial incrementa el riesgo de infarto de miocardio, ictus, enfermedad renal e insuficiencia cardiaca, entre otras patologías, todas ellas más frecuentes en las personas de edad avanzada siendo, por tanto, muy importante un control adecuado de la presión arterial, subraya el médico Nicolás Roberto Robles.

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