Para los niños mentir es algo común e inofensivo, dado que a su edad no saben qué es lo correcto y lo incorrecto. Simplemente ven las mentiras como parte de sus fantasías e imaginación.
Pero cuando esto se convierte en un hábito suele ser motivo de preocupación para los padres, porque puede ocasionar serios problemas en el desarrollo del niño, que va a repercutir en su socialización con los demás, autoestima y autoconfianza, dado que para él o ella su mejor opción es mentir para llamar la atención.
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Pero conforme crecen van conociendo qué es lo bueno y lo malo, lo que se debe hacer y lo inapropiado, expresa la psicóloga Onelia Alegría.
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¿MALACRIANZA O HÁBITO?
Algunas personas dicen que los niños mienten por gusto o por pura malacrianza.
La psicóloga Onelia Alegría afirma que casi siempre los niños mienten para llamar la atención de los padres o los familiares, ya sea “por conveniencia” o bien porque se sienten solos, a pesar que usted como padre está a su lado.
También, cuando miran que otra persona lo hace, es ahí donde ellos lo adoptan como algo normal. Como cuando le pide que mienta porque usted no quiere contestar el teléfono.
Otra de las razones es cuando los padres son muy exigentes y cuando los pequeños no logran las expectativas de los demás, la primera opción es ocultar información por temor al rechazo, defraudar o bien a un castigo.
Todo esto demuestra que el niño o niña tiene problemas de inseguridad y autoestima, todo causado por un vacío emocional.
ES HORA DE ACTUAR
Como padre debe dar el ejemplo. No venga a pedirle a su hijo que no mienta si usted lo hace, recuerde que el pequeño cree y toma como verdad todo lo que le dice.
Haga que valore la honestidad, para que la mentira no sea el recurso más fácil para salir de un aprieto.
Además déjele claro que cuando mienten, disminuye la confianza.
Es importante que no se ría o alabe las mentiras de su pequeño, porque eso le haría entender de que es bueno hacerlo aunque esas “mentiras blancas o piadosas” le parezcan graciosas.
Por último evite los golpes y los gritos cuando su hijo mienta, ellos sienten y aunque se equivocaron recuerde que una palabra hiere más que un fajazo, finaliza la psicóloga Onelia Alegría.

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