Amalia del Cid y Tammy Mendoza
Esperar. Ver pasar de lejos el bus. Correr. “Con suerte” alcanzar a colgarse de las puertas para subirse a la unidad. Una vez más movilizarse en Managua fue una engorrosa odisea para los usuarios que tuvieron que esperar, amontonados en las paradas, lapsos de media hora o más para abordar las unidades de transporte urbano colectivo, la mañana de este sábado.
En el caso del Huembes, la seguridad del mercado tuvo que reforzar la vigilancia en la bahía de buses porque hubo varios intentos de robo y dos asaltos en medio de la multitud.
A lo largo de la Avenida Bolívar se estacionaron decenas de unidades que cubren las rutas 114, 103, 118, 195, 119 y la Miniruta 4.
Según un conductor de la 119, la orden bajó de los dirigentes de la cooperativa y en el caso de esta ruta los usuarios no debían quedar “desatendidos” porque solo la mitad de la flota se usó para trasladar a personas que participaron en la caminata y la otra parte trabajó “normal”.
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¿Dónde estaban los buses? Temprano se les vio en caravanas, por las principales avenidas de la capital. Iban vacíos, rotulados con los nombres de distintos barrios capitalinos y llevaban banderas rojinegras. Todos se dirigían a la marcha convocada el jueves 10 de julio por la primera dama, Rosario Murillo.
Esta caminata “por los valores de la familia” reemplazó a la marcha para “exterminar el virus de la violencia” contra la mujer, anunciada por Murillo el pasado 27 de junio.
Desorden
La manifestación contra la ola de femicidios se realizaría el viernes 11 de julio y sería encabezada por Alba Luz Ramos, presidenta de la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, se canceló sin explicaciones y en su lugar, ayer sábado una procesión desordenada y dispersa, acompañada por motorizados, se trasladó sin propósito desde la Universidad Centroamericana (UCA) hasta la Avenida Bolívar. Ningún funcionario encabezó la caminata.
A las 10:00 de la mañana, cuando la marcha apenas arrancaba, ya algunos participantes emprendían la retirada. Pero muchos persistieron y llevando pancartas alusivas a la familia, el amor, la unidad y hasta el virus Chikungunya, lograron acercarse a la tarima donde tocaba un grupo musical y gritaba una animadora. Ningún funcionario tomó la palabra.
Muchos manifestantes no sabían qué hacían ahí. O al menos no se ponían de acuerdo. Por ejemplo, Erlinda Padilla llegó porque “la familia debe ser la columna de la unidad”; pero Walter Urbina dijo que apoyaba la marcha “porque, usted sabe, seguimos en la revolución”.
En cambio, para Emilio Rappaccioli, ministro de Energía y Minas, la caminata fue “una demostración más de la alegría de todos los nicaragüenses”, por el aniversario 35 de la revolución “y los años que vienen”.
No se conoció quién organizó la manifestación. Rappaccioli dijo que fue “el liderazgo” del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y “la dirigencia de Managua juntamente con el pueblo”.
A mediodía todo acabó. Muchos buses regresaron casi vacíos, con dos o cinco pasajeros uniformados con las camisetas de “Haciendo Patria”.
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