El futbol argentino, otrora cuna de estrellas, se ha convertido en una industria que exporta a sus más prometedores jugadores en busca de dinero, y cuya liga no pasa por su mejor momento, pero que sueña con ser campeón del mundo 28 años después de su último título.
El esplendor del campeonato local es cosa del pasado. La época en la que figuras como Daniel Passarella, Ariel Ortega, Ricardo Enrique Bochini, Martín Palermo, Marcelo Gallardo, Mario Kempes o Gabriel Milito defendían las camisetas de los clubes más importantes de Argentina ha dado paso a un torneo que sirve de escaparate para los más jóvenes.
Es el caso, por ejemplo, de Sergio Agüero, que debutó en Independiente con 15 años y, con 18, firmó por el Atlético de Madrid por cerca de 25 millones de euros, para pasar luego al City inglés.
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Así es que, en los últimos diez años, Argentina, el país que más títulos de la Copa Libertadores tiene en su haber con 22, solo cuenta con dos equipos campeones: Boca Juniors en 2007 y Estudiantes de la Plata en 2009.
Además, clásicos de la talla de River Plate e Independiente de Avellaneda, dos de las escuadras más laureadas del país, han vivido su particular infierno personal recientemente al sufrir sendos descensos de categoría.
La profunda crisis económica de principios de siglo y la constante inestabilidad del país a nivel financiero han minado las arcas de los equipos, que hoy se conforman con seguir existiendo a través de las ventas de sus más imberbes proyectos de estrella.
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