Leonor Álvarez
El jurista Alfonso Dávila Barboza criticó la educación en Nicaragua, pero principalmente a los maestros, de quienes dice que “le rinden más culto al partido de gobierno que a su vocación profesional”.
Dávila Barboza, quien además de haber sido magistrado de Apelaciones, también fue profesor y catedrático, demandó al gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega destinar más recursos a la educación primaria y secundaria para que mejore la calidad de los estudiantes a la hora de salir del bachillerato.
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“Horrible” es la calificación que le viene a la mente a Dávila cuando piensa en los jóvenes que no superan los exámenes de admisión en las universidades públicas, además de los maestros que sobresalen más por participar en las actividades partidarias que por cumplir con el deber de la enseñanza.
Este año, cuatro bachilleres fueron los únicos que obtuvieron cien puntos en el examen de matemáticas de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), de los 2,600 que lo realizaron.
El exministro de Educación, Humberto Belli, ha propuesto al gobierno orteguista que se invierta el siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua, que representa más de diez mil millones de córdobas en la educación básica y media, lo cual puede asegurar el mejoramiento de la infraestructura del cuarenta por ciento de escuelas que están en mal estado y reduciría el empirismo que afecta al magisterio integrado por casi 46 mil docentes, por ejemplo.
Organizaciones de la sociedad civil también han señalado que en Nicaragua la pirámide de inversión educativa está invertida, porque mientras el Estado invierte 1,154 dólares por estudiante universitario, en primaria se asignan 197 dólares por cada alumno y en secundaria 118 dólares por cada estudiante.
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