Con un juego pausado y una actitud serena, Alemania trituró a Brasil (7-1) en las semifinales de “su” Mundial, haciendo gala de la tranquilidad mostrada desde el principio del torneo, que les ha abierto las puertas del mítico Maracaná.
Es el discurso del método. Alemania hace su juego y no se alarma nunca. Su entrada en liza ante Portugal (4-0) dio el tono y sirvió de referencia.
Aunque tuvo algún problemilla contra Ghana (2-2) e hizo un mal primer tiempo ante Argelia.
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Ni siquiera los más optimistas podían soñar con aplastar de esta manera al equipo anfitrión del país del “futebol”, en su propia casa, y firmar la victoria más abultada de la historia en las semifinales mundialistas.
Pero la Mannschaft insiste en que no hay todavía motivos para estallar de júbilo. “En los vestuarios había una gran alegría, aunque no desmedida”, dijo el seleccionador Joachim Löw. “Es importante que nos recuperemos y que sigamos concentrados y tranquilos. El equipo tiene los pies sobre la tierra. No he visto ninguna euforia”.
“En el vestuario todo estaba sorprendentemente tranquilo”, abundó el defensa central Mats Hummels. Y las palabras, medidas, de los jugadores dan a entender que el pospartido fue tranquilo.
Seguramente influyó que el choque estuviera sentenciado desde el descanso (5-0). “Es diferente comparado con partidos muy reñidos en los que la gran emoción solo llega después del final”, señaló.
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