Pedro J. Chamorro B.
Hace apenas un año el país estaba convulsionado por la protesta de los adultos mayores que demandaban al INSS el pago de una pensión reducida equivalente a unos cincuenta dólares mensuales, porque no pudieron llenar las cotizaciones requeridas para tener derecho a una pensión completa.
El INSS argumentaba que no tenía recursos para hacerle frente a dicha demanda y más tarde se habló inclusive que el INSS podría entrar en serios problemas de liquidez de no realizarse una reforma a la ley, que se terminó realizando a costa de gravar o aumentar, mayoritariamente, las cotizaciones de la patronal.
Solucionado o no el conflicto con los adultos mayores, ni con la reforma a la ley del Seguro es obvio que el INSS no está en capacidad para andar haciendo inversiones con los fondos de los asegurados, mucho menos si estas son de carácter riesgoso y sin la más mínima noción de lo que es transparencia.
Finalmente nos hemos enterado por una investigación periodística de LA PRENSA, escrita por la periodista Gloria Picón, que la misteriosa transformación del Olof Palme que se está llevando a cabo es para la construcción y rehabilitación del centro de convenciones, salones de conferencia, restaurante y tiendas. Eventualmente, en una segunda fase está contemplada la construcción de un hotel.
Esto no tendría nada de malo si fuera con fondos y a cuenta y riesgo de una empresa privada, especializada en hotelería, que hubiera comprado al INSS, en una licitación abierta, esta deteriorada estructura que data de los años ochenta.
Pero lamentablemente no es así. Según consta en la adjudicación de la obra, emitida el 5 de febrero, el costo de la obra adjudicada a Coniasa (extrañamente la única empresa oferente) es de 422,118,116 córdobas, equivalentes a 16.2 millones de dólares, todo con los fondos de los asegurados, porque es el INSS quien estableció el pliego de bases de la licitación que casualmente ganó Coniasa, una empresa relacionada con el Instituto de Previsión Social Militar (IPSM).
Como si fuera poco, el presidente del INSS, el capitán en retiro Roberto López, quien hizo la licitación, es también miembro de la junta directiva del IPSM, al parecer, únicamente conoce a la empresa constructora Coniasa, porque en el 2009 también adjudicó a esta misma empresa, por 6.5 millones de dólares, la construcción del Hospital Solidaridad, según la investigación periodística.
Aquí el problema tiene dos ángulos, cada uno de los cuales es oscuro y riesgoso para el INSS y, por ende, para los fondos de pensiones de los asegurados que maneja.
En primer lugar, ¿por qué el INSS se mete a construir hoteles, centros de convenciones, restaurantes y tiendas, que son inversiones riesgosas y de recuperación a largo plazo, si es que a como ha confesado su presidente, atraviesa serios problemas de liquidez? Es decir: para arriesgar los fondos de pensiones, hay abundante liquidez, pero para hacer frente a los ancianos o a los mismos asegurados, ¿no hay liquidez?
Estas son inversiones del ámbito del sector privado, no del Estado, ¿acaso el INSS realizó un estudio de la oferta y la demanda hotelera en Managua para concluir que había que invertir 16 millones de dólares? ¿Se estudió cómo quedará la oferta hotelera de la capital una vez concluido el nuevo Hyatt Place en Santo Domingo y el nuevo Holiday Inn Express en la Jean Paul Genie?
Aunque ese fuera el caso, no corresponde al INSS arriesgar los fondos de los asegurados en proyectos riesgosos, de larga recuperación y que no son el giro de su negocio, que es salvaguardar el patrimonio de los asegurados y hacerlo crecer en inversiones seguras y transparentes, no riesgosas y oscuras.
La Contraloría General de la República debería hacer de oficio una auditoría de este caso que ha trascendido a los medios. Esperamos escuchar los resultados el próximo año en el informe ante la Asamblea Nacional. El autor es diputado, Presidente de la Comisión de Turismo y miembro de la de Probidad.