Nicaragua: con una ventana de oportunidad de pocas décadas

La mayor parte del empleo en Nicaragua es generado por la agricultura tradicional y el comercio informal, los sectores de menor productividad. La industria manufacturera y otros sectores también exhiben importantes porcentajes de empleo informal, de muy baja productividad.

Adolfo Acevedo Vogl (*)

La mayor parte del empleo en Nicaragua es generado por la agricultura tradicional y el comercio informal, los sectores de menor productividad. La industria manufacturera y otros sectores también exhiben importantes porcentajes de empleo informal, de muy baja productividad.

Ello es así porque nuestra economía continúa especializada en pocos rubros de reducida complejidad tecnológica, bajo valor agregado y limitada elasticidad ingreso de la demanda. Lo anterior implica un menor potencial de aprendizaje y de aumento de la productividad a largo plazo.

Como hemos insistido, un proceso dinámico de transformación estructural está asociado a la diversificación de la economía hacia actividades de mayor complejidad tecnológica, caracterizadas por rendimientos crecientes y elevado dinamismo de la demanda interna y externa.

Para que la productividad media de la economía se incremente a lo largo del tiempo, un porcentaje cada vez mayor del empleo total debe ser generado por estas actividades.

Lo que deben explicitarse son los requisitos para que esta diversificación ocurra, y para que las nuevas actividades absorban la fuerza de trabajo en expansión que resulta del bono demográfico y del bono de género.

En primer lugar, para que la economía pueda diversificarse hacia estas nuevas actividades deben desarrollarse los conocimientos y destrezas indispensables para poder llegar a producir competitivamente una creciente diversidad de bienes y servicios de mayor complejidad tecnológica.

Pero estos conocimientos y capacidades no están libremente disponibles ni se adquieren gratuitamente. Adquirirlas y desarrollarlas conlleva un costo en términos de tiempo y recursos; aprender a dominar y adaptar nuevas tecnologías, también conlleva un proceso que no está exento de incertidumbres, costos y dificultades.

En segundo lugar, el incremento de la productividad media no pasa porque esta aumente solo en algunos grandes conglomerados. Aunque su productividad sea superior a la media, estos suelen ser altamente densos en capital, y no generan mucho empleo, y debido a sus limitados encadenamientos no logran arrastrar al resto de la economía.

Eso significa que el incremento sistemático de la productividad media es un fenómeno macro y mesoeconómico, más que exclusivamente microeconómico, e involucra un proceso de transformación dinámica de la estructura global de la producción y el empleo, y del tipo de especialización internacional.

Mediante este proceso la economía deviene más diversificada y articulada mediante una densa red de encadenamientos, complementariedades y sinergias. que dan lugar al surgimiento de las externalidades (pecuniarias y tecnológicas) que son la fuente de la competitividad sistémica.

Las nuevas actividades deberían reunir varios requisitos. Primero una elevada elasticidad ingreso de la demanda a largo plazo. En general, los sectores cuya demanda crece más rápido son también los de mayor intensidad en conocimientos.

Esta elevada elasticidad ingreso de la demanda es indispensable para que crezcan con suficiente rapidez —generando un crecimiento excedente de la productividad mediante los efectos “Kaldor-Verdoon”—, y absorban porcentajes cada vez más altos del empleo.

Deben mostrar también una elevada densidad de encadenamientos, para ser capaces de arrastrar consigo al resto de la economía y generar las sinergias y complementariedades por el lado de la oferta, que den lugar a que aparezcan economías de escala dinámicas.

Este proceso de transformación, en los países que han logrado completarlo en las últimas cuatro décadas, ha sido el resultado de importantes esfuerzos sostenidos y deliberados. Estos países han debido resolver los problemas asociados a la necesidad de promover y nutrir actividades y sectores con estas características, al desarrollo de la capacidad tecnológica requerida, a la penetración de mercados más exigentes, y los complejos problemas de coordinación involucrados. Nuestro país no inicia todavía este esfuerzo, y solo tiene por delante una ventana de oportunidad de algunas décadas.

(*) Economista

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