Twitter: @Fabian_Med
#OcupaINSS
A un año de ocurrido, el ataque a #OcupaINSS constituye uno de los episodios más vergonzosos que ha protagonizado este gobierno. No tanto por las consecuencias que tuvo —afortunadamente no hubo muertes que lamentar—, pero si porque puso en evidencia la falta de escrúpulos del régimen, pues se trató de una acción organizada desde las más altas de esferas del Estado que se ejecutó con frialdad y la complicidad de diferentes instituciones contra un grupo, más bien pequeño, de jóvenes pacíficos, indefensos, alegres y solidarios.
Libertad
Es que #OcupaINSS tiene que ver, antes que nada, con la libertad. La libertad de todos. Es el ataque, la confiscación, a esa posibilidad de que usted y yo podamos expresar pacíficamente nuestras inconformidades sin que nadie nos reprima por estar en desacuerdo con ello. Si otros ciudadanos, por intolerancia con las ideas de los demás, nos agredieran, el Estado tiene la obligación de, en primer lugar, proteger a quien ejerce su derecho constitucional a expresarse, a protestar, y en segundo, a castigar a quienes agreden. Agredir es un delito, expresarse es un derecho. Lo que vimos en #OcupaINSS fue totalmente al revés.
Paramilitares
#OcupaINSS también puso en evidencia la existencia de un Estado que no solo está dispuesto a violar las leyes que rigen su funcionamiento, sino también a un Estado que organiza a grupos criminales para que ejecuten el trabajo sucio, pandillas sin ley, que cumplen órdenes criminales que resultarían más difícil de ejecutar vistiendo un uniforme que pregona “Orden, Seguridad y Justicia”. En una palabra: paramilitares. La peor criatura que han parido los peores gobiernos.
Metamorfosis
Que haya grupos intolerantes, es lamentable, pero se puede entender y vivir con ello. Que se organicen grupos paramilitares, más grave aún, pero es de esperarse cuando hay grupos intolerantes que criminalizan el pensar diferente, pero ¿Una policía ayudando a los ladrones a empujar los carros robados? Surrealismo puro. La baja más grande de este episodio fue ver a la Policía convertida, no solo en cómplice, sino en ayudante oficioso de los criminales en contra de los ciudadanos. Si hasta ese momento se tenía la sospecha de que la Policía se había partidarizado, que ya no era más una policía de los ciudadanos sino la de un partido, con #OcupaINNS se confirmaron los mayores temores. Esta es ya, cuasi oficialmente, una policía bipolar: que a veces regula el tráfico, persigue los delitos comunes y combate el narcotráfico, pero que cuando de por medio hay asuntos partidarios, como si de hombre lobo en luna llena se tratara, se convierte en los delincuentes que por ley le corresponde perseguir. Metamorfosis.
Injusticia
Y bueno ¿por qué un año después seguimos hablando de #OcupaINSS? Porque el crimen sigue vivo. Nadie, nadie, fue castigado por la golpiza y el robo a descampado que se produjo en las narices de la Policía. Ni siquiera hay un juicio abierto porque ha sido imposible para las víctimas acceder a la justicia ante una Policía, una Fiscalía, y unos tribunales que no solo les han dado la espalda si no que se han burlado de ellos haciéndose los locos. Tanto descaro y maldad hay en esta acción que la Policía ni siquiera quiso recibir la denuncia de rigor, tal vez por temor a que, con toda la evidencia que hay en el caso, la investigación los llevaría irremediablemente a descubrirse a ellos mismos.
Miedo
Pero #OcupaINSS significa, sobre todas las cosas, miedo. Lo que pasó aquel 22 de junio de 2013 solo se explica por el miedo de un grupo ante la chispa que encienda todo el descontento y los saque del poder como a tantos otros tiranos. Ahí está Daniel Ortega y doña Rosario Murillo viendo como con chispas parecidas, muchas de ellas detonadas a través de las redes sociales, cayeron gobiernos mucho más viejos y fuertes en Túnez, Egipto, Libia, y, todavía en revuelta, Siria. Y digo Ortega y Murillo, porque cualquier persona con dos dedos de frente sabe que es imposible que paramilitares, Alcaldía de Managua, Fiscalía y Policía, entre otros, participaran con tanta sincronía y descaro en este crimen, sin la autorización de la llamada pareja presidencial que los controla a todos.
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