Querida Nicaragua: Dura lex sed lex, dice el aforismo latino. La ley es dura pero es la ley, significando la obligación ciudadana de cumplir con la ley o soportar las consecuencias de no cumplirla.
Un amigo lector y radiooyente me pregunta que si un presidente de la república no cumple con la ley, ¿merece ser respetado o no? Yo no soy jurista, pero por sentido común puedo decirle que aquel funcionario que no cumple con las leyes de la nación está perdiendo la autoridad moral sobre los ciudadanos bajo su mando. De tal manera que si un presidente, por muy presidente de la república que sea, no cumple con las leyes ni con la Constitución de su país, será un violador de la ley, un individuo que no respeta la promesa que hizo al tomar posesión de su cargo, y por lo tanto en la medida en que se burle de la ley abusando de su cargo y del respeto a sus ciudadanos, se convertirá en un dictador. Y en las democracias donde hay elecciones libres se eligen presidentes, no dictadores.
Cuando un presidente no respeta las leyes está dando un ejemplo pésimo a sus funcionarios. Y será prontamente imitado por los ministros y por los empleados menores que se sentirán con derecho a imitar a sus superiores.
Es así como la república se va convirtiendo poco a poco en un país anárquico, donde todo el mundo hace lo que quiere, tanto funcionarios como público en general. La nación va dejando de ser nación para irse convirtiendo en tribu. Será un país tribal. Peor aún, porque en las tribus de nuestros antepasados indígenas había cierta organización rudimentaria pero respetada por todos. Había en las tribus de nuestros antepasados un Consejo de Ancianos altamente respetado por todos. Ese Consejo nombraba al jefe que dirigía la guerra, una especie de ministro de defensa en las democracias de hoy. Había una organización completa para el culto a los dioses, para el comportamiento de la mujer y de los niños.
Había una cultura que nos vino aquí de los mayas y los aztecas, tenían su idioma y su religión y su culto a los dioses, etc. y sus disposiciones, que hoy llamaríamos leyes, eran altamente respetadas. De manera que los gobierno tribales de nuestros antepasados eran ordenados no anárquicos, y aquellos que violentaban las leyes eran debidamente castigados.
Lamentablemente los gobiernos dictatoriales como los que tenemos ahora en algunos países, inclusive en el nuestro, no respetan la ley. Los presidentes juegan a su antojo con las leyes y cometen todo tipo de abusos y tienen como meta quedarse en el poder por todo el tiempo. Son gobiernos que no llegan ni siquiera a ser tribus, no se comparan ni con los gobiernos tribales de nuestros antepasados.
Yo lamento mucho hacerle este comentario al amigo que me escribió preguntándome que si el tipo de autoridad que tenemos merece nuestro respeto. Una autoridad que no respeta la ley, no merece ser respetada. Un Gobierno así pierde toda su autoridad moral cuando violenta la ley y anarquiza al país, cuando irrespeta a todos los ciudadanos de la nación.
El presidente que tenemos aquí, el señor don Daniel, llegó a la Presidencia mediante una trampa que sus empleados del poder judicial le hicieron a la Constitución de la República, dejando sin valor el Artículo 147 que prohibía la reelección.
No solo no es lícito apoyar a un gobierno violador de la Constitución, sino que los ciudadanos tenemos la obligación y el derecho de luchar contra él. Es lícito luchar contra quienes violentan las leyes y disponen de la soberanía nacional a su antojo. Muchos quisiéramos que el Gobierno reflexionara. No merece respeto ningún presidente que desprecie de esa forma a su pueblo. Tan sencillo como eso y tan claro como el agua. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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