Según el Banco Mundial, al final del presente año China tendrá un Producto Interno Bruto (PIB) de 16.7 billones de dólares, mientras que el de Estados Unidos será de 16.6 billones de dólares. Esto significa que China habrá puesto fin a los 142 años de hegemonía económica mundial de Estados Unidos, que en 1872 desbancó a Gran Bretaña como primera potencia económica internacional.
Pero esta medición la hace el Banco Mundial mediante la llamada Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), que es el total de bienes y servicios producidos en un país, en un lapso de tiempo determinado y cuantificado en moneda extranjera (generalmente en dólares estadounidenses). Es decir se trata del Producto Interno Bruto de un país calculado a precios de otro país, por lo general EE. UU. El Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial, situó en 2011 el PIB de China comunista, utilizando el PPA, en 13.5 billones de dólares y el de EE. UU. en 16.6 billones de dólares. El PPA chino creció 24 por ciento en los cuatro últimos años y el de EE. UU. ha crecido en un 7.6 por ciento, en igual periodo de tiempo.
Curiosamente, a China no le ha agradado esta información sobre su supuesta supremacía económica, incluso ha impedido su difusión dentro de sus fronteras. Las autoridades de China no quieren que su país sea llamado el número uno, económicamente hablando, porque reconocerlo les causaría mayores obligaciones internacionales. Por ejemplo: pagar una mayor cuota a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la que en la actualidad pagan solo un 5 por ciento de su presupuesto anual a pesar de que ocupan uno de los cinco privilegiados escaños permanentes del Consejo de Seguridad, con derecho a veto. En cambio, EE. UU. aporta más del 20 por ciento del presupuesto de la ONU. Además, el mundo en desarrollo y en especial África exigirá mayor ayuda China, que también encontraría menos justificación en no querer soportar una carga financiera sustancial en el costo de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, de los cuales es una gran productora.
En el frente geo-económico y geo-político, los riesgos para China de estar en la cima económica mundial, son considerables. Estados Unidos y sus aliados se han unido en dos grandes Tratados de Libre Comercio (TLC), en el Atlántico y en Pacífico, excluyendo al gigante asiático, exasperándose los ánimos entre los gobiernos de ambas naciones por las recientes acusaciones de espionaje industrial y por los problemas geopolíticos de China con sus vecinos, sobre todo con Japón, por temas territoriales.
Por otra parte, el liderazgo de Pekín sabe que el informe del Banco Mundial sobre la supremacía económica de China es más que todo un ejercicio contable y académico, que no varía en nada la vida del ciudadano promedio chino. Es improbable que el chino de a pie se sienta súbitamente rico y muy agradecido hacia el partido comunista, solo porque en las estadísticas su ingreso per cápita aumentó más de 40 por ciento, de la noche a la mañana, bajo el artificio económico contable del PPA.
La verdad es que el ingreso per cápita de los chinos equivale a la quinta parte del estadounidense. Aparte de que China sigue estando por debajo de Estados Unidos en competitividad, avance tecnológico, innovación y desarrollo del sector financiero.
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