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Disyuntiva
Al juramentarse como nuevo magistrado de Apelaciones, el otrora defensor de los derechos humanos, Roberto Petray, enfrenta su propio dilema: o dice que llegó por méritos propios, como profesional, con lo cual tendría que reconocer que en este gobierno se llega a los altos cargos, aunque sea a veces, por méritos profesionales y no por cálculo político, lo cual desdeciría lo que él ha sostenido por muchos años en sus duras al gobierno de Ortega, o reconoce que su nombramiento es producto de un proceso de seducción que Ortega ha iniciado contra los obispos de la Iglesia católica, particularmente hacia monseñor Abelardo Mata, quien se ha comportado como el padrino de Petray.
El precio de la mafia
Uno de los principios de la mafia es que “todo mundo tiene un precio”. No es casualidad que la frase más famosa de la novela y posterior película, El Padrino , sea aquella de Vito Corleone: “Le haré una oferta que no podrá rechazar”. A lo Corleone, Ortega también tiene pesado y medido a todo el mundo. A algunos los compra por millones y a otros por “20 córdobas y me das el vuelto”. Lo hace sin sacarse un córdoba de la bolsa. A unos los compra con concesiones millonarias, a otros con cargos de variado pelo y tamaño, según sea el cliente, y al resto, a los más pobres y necesitados, con láminas de zinc, chanchitos o gallinas.
Agua contaminada
Es que aquí nadie traga cuentos. Ni este Consejo Supremo Electoral podrá nunca contar con transparencia los votos, ni estos jueces podrán impartir justicia. Están diseñados para lo contrario. El sistema está podrido. Es agua totalmente contaminada. ¿Qué sucede con una gota de agua (supongamos limpia) que cae en este estanque? ¿Purificarla? ¡Nunca! Contaminarse. Más si la gota de agua llega al cargo por las mismas razones que han llegado todas ellas: la compra de conciencia.
Caso Arcia
Miren nomás lo que sucedió con el empresario Milton Arcia, a quien no conozco ni comulgo con sus ideas políticas. Arcia fue despojado de su negocio y patrimonio solo porque sí, porque al poder se le antojó o lo quiso. En un acto extraño, aunque justo (precisamente porque en Nicaragua lo justo es extraño) la Corte Suprema de Justicia mandó a que se le devolviera lo robado. Todo mundo quedó asombrado de que eso sucediera en este país. En la mayor de las concesiones vimos el acto, no como una renovación de la Corte porque está dañada de fondo, sino como un intento de medio limpiarse el lodo de la cara con un caso menor, de poca monta política. Jugar por una vez a que son un tribunal justo e independiente. Sin embargo, este monstruo no da concesiones. No afloja hueso. A las 24 horas estaba nuevamente la misma Corte, haciendo el papelón de revocar su propia sentencia. Alguien volvió a ponerlos en su lugar.
¿Magistrados independientes?
Y aquí es donde uno espera que los nuevos magistrados, esos que fueron electos hace poco y no son orteguistas, hagan la diferencia. ¿Dónde están? ¿Quién oyó su voz indignada pidiendo respeto? ¿Qué sucedió con los magistrados Virgilio Gurdián, José Adán Guerra y Carlos Aguerri Hurtado, para mencionar a los que se dicen independientes, los que llegan a hacer las cosas diferentes, los que dicen no recibir órdenes de El Carmen como los otros? ¿Me entendés el punto, Petray?
El ahijado
Es que esto de padrinazgos y de curas a mí no me da buena espina. El que se ha quemado con leche hasta la cuajada sopla. Allá por el año 1995, el cardenal Obando pidió a los liberales que le dieran un carguito a un su ahijado, un muchacho barbudo y regordete que parecía incapaz de matar a una mosca. Nadie lo vio mal. Casi 20 años más tarde, ese muchachote no solo se pasó con todo y cartucheras al lado de Ortega, se convirtió en un magnate millonario, fue nombrado presidente del Consejo Supremo Electoral y desde ahí desbarató las elecciones en Nicaragua, fraude tras fraude. Y a pesar que “rabioso, ha asolado los alrededores; cruel, ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños” hace poco días levantó su mano para jurar nuevamente en el cargo. “Seguiré cumpliendo con la patria”, dijo en su típico cinismo.
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