Gloria Picón Duarte
Hace 24 años la imparcialidad del Consejo Supremo Electoral (CSE) fue elogiada por organismos internacionales de observación electoral. Hoy, las voces que se levantan sobre dicho organismo son para pedir cambios, no solo de los magistrados que han sido acusados de cometer cuatro fraudes electorales, sino de toda la estructura.
“Hay que presionar, ir a las calles a presionar para que haya cambios, si Ortega no tiene presión va a dejar las cosas como están”, dijo.
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En un artículo publicado en la revista Envío, se señala que cuatro de los cinco magistrados electorales en 1990 eran simpatizantes del Frente Sandinista, pese a ello los más de 2 mil 500 observadores de la Organización de Naciones Unidas para la Verificación en Nicaragua (Onuve), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Consejo de Jefes de Estado Elegidos Libremente, así como el Centro Carter, elogiaron el trabajo del CSE por su imparcialidad e indica que Daniel Ortega fue quien pidió la observación internacional y decidió adelantar las elecciones.
Actualmente, Ortega ha dicho que “los electos, electos están” y no hay señales de que puedan ocurrir los cambios solicitados en el sistema electoral tanto por las organizaciones de sociedad civil, los partidos políticos y la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN).
“El Ortega de esa época no es el del 2014”, indica el analista político Carlos Tünnermann, quien añade que el proyecto del presidente inconstitucional actualmente es concentrar el poder y perpetuarse en el mismo.
Tünnermann señala que en 1990, la Ley Electoral dejaba en manos del CSE el control de los consejos electorales departamentales y municipales, así como el control de las Juntas Receptoras de Voto que eran conformadas principalmente por maestros, es decir “las estructuras no estaban politizadas al extremo”, pero eso cambió con el pacto Ortega-Alemán en el 2000.
“En aquel momento había el deseo de terminar la guerra y la única manera era un sistema electoral que diera garantías, hubo cantidad de observadores y eso fue decisivo, además estaba la garantía de las personalidades que presidían el CSE”, recuerda Tünnermann.
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