Querida Nicaragua: Inicié la escritura de estas cartas exiliado en Costa Rica en 1984. Es decir que estamos cumpliendo treinta años y que hasta el día de hoy llevo escritas 7,920 cartas.
No pude conseguir espacio en ninguna emisora pues eran tiempos peligrosos y el terrorismo frentista apoderado de Nicaragua, era capaz de cualquier acto criminal contra el exilio nicaragüense acogido a la hospitalidad costarricense.
Tan real era el terror, que se había producido una enorme explosión cercana al periódico La Prensa Libre. La carga estaba destinada a los miembros de ARDE, Alianza Revolucionaria Democrática, organización que dirigía Alfonso Robelo en lo civil y el comandante Edén Pastora en lo militar, pero les estalló antes, en un estacionamiento central de San José.
Más tarde la bomba de La Penca en la rueda de prensa de Pastora, no dejó la menor duda: seis muertos y una veintena de heridos.
No pude pues transmitir estas cartas en Radio Reloj, pero sí pude hacerlo gracias a la generosidad y valentía de los hermanos Vargas Gené, en el diario La República.
Las primeras cartas eran nostálgicas, pero llenas de esperanza y fe en el triunfo y muy duras en contra de quienes habían entregado el país a la Unión Soviética.
Eran los tiempos de las reuniones de Contadora, de las carreras para lograr los encuentros de Esquipulas, la guerra cruel en Nicaragua y en El Salvador, las luchas de los presidentes Napoleón Duarte y luego Alfredo Cristiani, las gestiones del presidente Oscar Arias, Esquipulas, Sapoá y las elecciones y el triunfo de la Unión Nacional Opositora (UNO) con doña Violeta y los quince años de democracia que lograron recuperar el sistema pero con la rémora fatal de la piñata, la creación de la nueva oligarquía sandinera que se olvidó de los ideales del General de Hombres Libres que nunca pidió nada más que un palmo de tierra donde ser sepultado y ni siquiera eso recibió.
Estas cartas contienen toda la historia de los últimos treinta años de lucha por la democracia. Son como un diario, como el diario de un ciudadano libre cuyo amor por Nicaragua no admite ninguna duda. En ellas se cuenta inclusive la lucha en contra de Somoza, la alegría del triunfo revolucionario, la decepción que produjeron los voraces depredadores de la Patria.
Y después de tanta lucha, de tanto sacrificio, de los angustiosos exilios, a los treinta años estamos viviendo la misma lucha de antaño con ligeros matices pues los harapientos de antes hoy son dueños de casi todo. Hoy no vociferan en contra del capitalismo salvaje porque ellos son los primeros capitalistas, ni hablan de corrupciones gubernamentales como lo hacían en la clandestinidad porque ahora son ellos quienes propician la corrupción entre sus allegados.
En un sistema democrático esto no ocurre, pero algunos no quieren entender por cobardía, por cálculo o por miedo que hay que defender la democracia, que hay que denunciar a los dictadores de hoy, así como se denunciaban los crímenes de Somoza, de Trujillo y de Pinochet.
Al cumplir treinta años, estas cartas seguirán manteniendo los valores que siempre han defendido. Y lo harán con respeto, con amor a la Patria.
Lo haremos para que la OEA vuelva por sus fueros y no tenga temor de convocar a los cancilleres de los países cuando los presidentes reformen mañosamente las leyes para quedarse en el poder, cuando repriman las protestas populares como lo hace Maduro en Venezuela, para que no maten de hambre a sus pueblos como lo hacen los dinastas hermanos Castro en Cuba. Es preciso que los dictadores imiten la limpieza de las elecciones ejemplares que han producido últimamente Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, y la ejemplarísima elección de Colombia.
Comencé estas cartas hace treinta años y tal parece que estoy comenzando de nuevo. Dios me dé fuerzas para seguir adelante. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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