Querida Nicaragua: Carlos Alberto Montaner, periodista y escritor de fama continental, uno de los autores del libro El perfecto idiota latinoamericano , quien retrata todas las mentiras y falsos argumentos y verdaderas majaderías de aquellos que culpan a los EE. UU., de cuantos males padecemos, acaba de escribir un memorable artículo publicado en este mismo diario el pasado domingo.
Conocida es la frase de Lenin cuando afirmó que el capitalismo se ahorcaría con su misma soga. Hay una carta secreta, probablemente del empresariado cubano americano, que prácticamente pide a Washington suavizar las relaciones con Cuba, y que al favorecer a la sociedad civil cubana se debilitará a la tiranía castrista.
Es increíble cómo vemos el avance, el engaño, la evidencia del fortalecimiento de la izquierda por todas partes y nos quedamos tan impávidos. El barco que hace unos meses fue detenido en el Canal de Panamá transportando armas desde Cuba a los comunistas de Corea del Norte, camufladas en medio de miles de sacos de azúcar, no nos hacen reaccionar frente al avance de los sátrapas.
Este caso y centenares más, por los cuales los hermanos Castro deberían estar siendo procesados por crímenes de lesa humanidad, permanecen impunes y hasta provocan simpatías en algunos, en aquellos que se alegran al ver atacado al “imperialismo yanqui”.
Parece ser que para algunos sectores los negocios son más importantes que las ideologías. En Venezuela se están matando, el pueblo sufre escasez y los estudiantes se levantan protestando contra Maduro, pero este, manejado desde Cuba, no cede y recibe los consejos de resistir hasta el final. Sin embargo, algunas líneas aéreas, con el riesgo de perder miles de millones de dólares, siguen haciendo sus vuelos a Caracas, apostando a que Maduro saldrá victorioso, y sus negocios también.
Los Castro, como Somoza García, han nombrado coroneles a sus hijos. El coronel Alejandro Castro Espín, hijo del dictador Raúl Castro, acaba de firmar un acuerdo de cooperación en Moscú con los servicios de inteligencia de Putin. Mientras esto ocurría estaba circulando la famosa carta secreta donde se pide a los Estados Unidos abrazar a Cuba para favorecer al pueblo cubano y combatir la dictadura castrista.
Antes, cuando Fidel Castro podía caminar, advirtió en Teherán que todos juntos podían poner de rodillas al enemigo imperialista. En fin, que las actuaciones y declaraciones de estos señores no son ningún secreto, ellos se sienten íntimamente satisfechos y felices cuando hablan del “imperialismo”, y de sus conexiones cada vez mayores con Rusia y con todo lo que huela a comunismo.
Lo más triste de todo es la actitud de nosotros, el comportamiento de los que nos decimos demócratas y no reaccionamos ante el avance de las izquierdas radicales por todas partes. Somos muy comodones.
En los años ochenta me tocó vivir ocho años exiliado en Costa Rica y los últimos diez meses en Miami, el suficiente tiempo como para frecuentar a varios nicas que buscaban cómo abrirse campo. También conocí a algunos cubanos exiliados. Uno de estos tenía un negocito donde servían desayunos y todo el día se tomaba aquel vasito diminuto de riquísimo café que te levanta el ánimo. Un día le pregunté: ajá Pepín, y ¿cómo va lo de Cuba? Casi me pega. Mira chico, me dijo, ni me hables de eso. Yo perdí todo lo que tenía, me costó un mundo sacar a mi mujer y a mi hijo, esos tal por cuales han acabado con todo y no hay manera de sacarlo, por un susurro te mandan al paredón. Hay que olvidarse de eso chico.
Otro cubano que ha desarrollado un negocio próspero me dijo: yo hago negocio y punto, se me olvidó el pasado.
Estos son más francos que aquellos que andan escribiendo cartitas para que Washington venga ahora a pedirle perdón a los sátrapas, esclavistas y asesinos de sus pueblos. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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