A partir de que Daniel Ortega ha involucrado de nuevo a Nicaragua en la estrategia geopolítica de Rusia, los nicaragüenses deben estar atentos a conflictos como el de Ucrania, el más peligroso que hay actualmente en el escenario internacional.
Siendo Nicaragua uno de los pocos países en el mundo que apoyan el actual expansionismo ruso, hay que esperar que las consecuencias que se pudieran derivar de las nuevas aventuras imperiales de Rusia impacten de alguna manera en contra de Nicaragua; así como impactaron en la Guerra Fría del siglo pasado, cuando la Federación de Rusia se llamaba Unión Soviética.
A mediados de esta semana, el presidente ruso Vladimir Putin pareció ceder un poco en su pretensión de arrebatarle a Ucrania sus provincias orientales, donde una parte importante de la población es de cultura y lengua rusa. Después de reunirse con el presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Didier Burkhalter, Putin declaró sorpresivamente que las elecciones presidenciales en Ucrania, programadas para el 25 del presente mes de mayo, son un buen paso en dirección a resolver la crisis ucraniana. Hasta entonces el mandatario ruso había rechazado y descalificado de manera intransigente, la convocatoria electoral destinada a restablecer democráticamente la normalidad institucional de Ucrania.
Putin también pidió a los sublevados prorrusos en el este de Ucrania, que aplazaran el falso referendo convocado por ellos mismos para mañana, 11 de mayo, con el fin de consumar la anexión a Rusia. Y aseguró, Putin, que había retirado las tropas rusas de la frontera con Ucrania a fin de crear condiciones propicias para el diálogo.
Sin embargo, los cabecillas de los separatistas prorrusos desacataron al presidente de Rusia y reiteraron que su ilegal referendo secesionista, se realizará mañana de todas maneras. Y por otra parte, Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, precisó que no había ninguna señal de que las fuerzas militares de Rusia se hubieran retirado de la frontera con Ucrania.
En este juego con fuego, no queda claro si es que Putin no tiene autoridad sobre los prorrusos sublevados en Ucrania, a pesar de que estos quieren ser súbditos de Rusia, o se trata de una maniobra del presidente ruso, para simular que es flexible y quiere contribuir a una solución diplomática del conflicto ucraniano creado por él mismo, cuando en realidad es lo contrario.
Thomas Friedmann, reconocido columnista internacional del periódico estadounidense The New York Times, asegura que lo que pasa es que Putin “piensa que los norteamericanos nunca irán a fondo con el tema energético (es decir, afectar a Rusia aumentando la producción y oferta norteamericana), que los europeos nunca irán a fondo con las sanciones, que los ucranianos reformistas nunca irán a fondo con la administración del país y que él puede controlar a las fuerzas separatistas que ha desatado en Ucrania oriental y regular su accionar a su antojo, como si tuvieran una perilla”. Y señala Friedmann que “hasta ahora la respuesta de Europa —al agresivo expansionismo ruso— ha sido más de retorcerse las manos por Putin, que retorcerle el cuello a Putin”.
Por eso es que el beligerante mandatario ruso cree que puede seguir haciendo lo que quiera.
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