Necesidad de una cultura de prevención

Emigdio Quintero Casco

El terremoto no mata, lo que mata es una mala construcción. Entonces, por qué seguimos construyendo casas, como si aquí estuviéramos libres de terremotos o inundaciones. Se construyen puentes, y se caen. Se inauguran urbanizaciones, y se inundan de lodo. Las tejas de las casas se resbalan con cierta gracia, porque están pegadas con saliva.

Y qué decir del que nos construye la casa, y de la calidad de material que usa. El maestro de obra o albañil tendrá fama de ingenioso, pero nada de ingeniero o arquitecto. Y hay gente pobre que hace sus casas con ripios, plásticos y cartones sobre acantilados, a la orilla de los cauces, ríos, en las faldas de los volcanes y en tierras movedizas. Y en ciertas colonias populares las casas son pequeñas y débiles, donde nunca se pensó que el calor tradicional dejó de serlo, para convertir el ambiente en un horno de hasta 37 grados centígrados, según un informe de Ineter.

La falta de un modelo de predicción y la incapacidad de respuesta rápida ante los desastres naturales es lo que nos diferencia de un país civilizado. ¿Por qué no asumimos que la Gestión de Desastres hoy es inevitable? El tema trata de tomar un conjunto de decisiones político-administrativas y de intervenciones operativas que se llevan a cabo en las diferentes etapas del desastre. Lo peor es cruzar los brazos y no reaccionar ante el peligro. Lo curioso es que los desastres ocurren en nuestro país, uno tras otro, a lo largo del año: terremotos, inundaciones, sequías, plagas, hambrunas, contaminación, huracanes, etc.

Se ha preguntado usted: ¿Por qué nunca hay albergues con todos los requerimientos necesarios? Y no me refiero a desalojar los pupitres de la escuela de la comunidad y tirar unas colchonetas en el piso. Me refiero a espacios, estructuras y equipamientos exclusivos para esos fines. Siempre hay más preguntas que respuestas.

Se ha preguntado usted: ¿Por qué la Gestión de Desastres no se convierte en un tema transversal en los programas educativos? ¿Por qué no hay una maestría sobre este tema en las universidades? Lo primero que se va en un terremoto es la luz, el agua y se silencian los teléfonos. Luego se cierran los colegios y universidades. ¿Y las iglesias? ¿Y los centros comerciales? ¿Y la Zona Franca? Mientras los jóvenes se van para sus casas respectivas, los geólogos y sismólogos se van a sus laboratorios a estudiar el fenómeno, y a disfrutar de la belleza que proporcionan los fenómenos naturales. La tierra se abre mostrando la plenitud de sus íntimos secretos.

En los países civilizados los expertos en emergencia son profesionales respetados, estudian, practican, se actualizan y publican lo que aprendieron en cada evento. Si los jóvenes nicas se interesaran en la Gestión de Desastres tendrían mayor comprensión sobre los fenómenos de la naturaleza, sobre las consecuencias del mal manejo del ambiente y se relacionarían en forma armónica con la naturaleza. Lo contrario es el pensamiento mágico y primitivo, el esoterismo y la superstición.

¿Cuántos maestros conocen el folleto ¡Aprendamos a prevenir desastres!, elaborado y adaptado por Unicef para Nicaragua? ¿Hemos tomado en cuenta la advertencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sobre los shocks y las crisis globales y sus potenciales elementos desestabilizadores a nivel global?

Estamos en un contexto de permanente inestabilidad en muchos aspectos. Tenemos la certeza de ser golpeados por un fuerte terremoto, o por una erupción volcánica; el clima está cambiando y provocando desastres en muchas partes del mundo. La pandemia y el terrorismo son bombas de tiempo. Y no se trata de formular teorías apocalípticas sobre lo que puede ocurrir en los próximos días, meses o años. Para enfrentar todos los desastres se requiere de la implementación de modelos predictivos y de reacción, para mitigar el impacto. Se requiere invertir en sistemas de alerta temprana y facilitar mecanismos de cooperación internacional, sobre todo considerando nuestra débil economía y la falta de recursos técnicos y personal especializado. De lo contrario, nunca pararemos de sufrir. El autor es miembro del PEN Internacional y APN

Columna del día Cultura Opinión prevención archivo

COMENTARIOS

  1. Jesus Marchena
    Hace 12 años

    Profesor Quintero Casco , mucho gusto de saludarlo , como pasa el tiempo maestro 20 anos son nada decia gardel pero usted me dio clases hace 40 anos en el ano basico de la UNAN, que sorpresa saber que esta bien y aportando para el bienestar de Nicaragua saludes desde Delray Beach Florida.

  2. denso
    Hace 12 años

    Excelente articulo,profesor,muchas preguntas que nadie les da respuestas,mucho menos este gobierno inepto hasta niveles absurdos que rayan en lo bizarro,lo unico bien construido que hacen son sus mansiones y carros de primera calidad,el pueblo tentra que esperar otros »cien anios de soledad» y miseria

  3. Hace 12 años

    entonces aseguran en la boca de la Secretaria de la Presidencia, no-oficial Vice, y sus testaferros del desaparecido SINAPRED, que ellos como gobierno estan listos. Y yo me pregunto, listos para que? Obviamente que el mensaje partidista es mas importante en este caso, que lo que ellos en la realidad del asunto van a ser capaces de llevar a cabo, el que vivio el terremoto de Managua del 72, sabe lo que es eso, y de las visicitudes que habran que ser atravesadas y vividas, y si pensamos que por

  4. Hace 12 años

    Se ha llegado a la conclusion que en el Area de California eb=n el caso de que sus grandes urbes sufran de un esperado megaterremoto en align momento en el futuro, de que las areas afectadas por ese sismo, pasarian mas de dos semanas sin que se les pueda dar asistencia de alguna clase, y que la resauracion de los servicios basicos tomarian mas de un mes en ser restaurados, y entonces yo veo todas que n nuestro pais, con menos recursos que los USA, vieven en continua practicas de emergencias, y

  5. Hace 12 años

    la magia del mensaje partidarista con la tendencia de nublar hasta los tuetanos del estado catatonico al ciudadano comun, simplemente nos olvidadamos de las vivencias ya vividas y de lo terrible que todas ellas fueron

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