Envidia
No sé usted, pero yo sí veo con envidia las elecciones de nuestros vecinos. Honduras, El Salvador, Costa Rica y, hace unos días, Panamá. Tal vez no sean perfectas, podrá haber quejas, triquiñuelas en una cuenta o en otra, pero tienen algo que las diferencia diametralmente de las nicaragüenses: en cada una de ellas gana quien consiguió más votos de los ciudadanos, de tal forma que los gobiernos pueden cambiar de manos si así lo deciden los votantes. Qué cosa más rara ¿verdad?
Circo
Aquí cada elección es lo mismo. Dejaron de tener sentido alguno. Convocatoria. Vengan, vengan a ver el grandioso espectáculo del Circo Rivas y Asociados Ni siquiera los actores cambian. Payasos, trapecistas y tragafuegos. Los mismos. Y vuelven a llegar con su boleto en mano los partidos para participar en el “algo nunca visto” (siempre dicen así y al final es la misma tontera). Apatía. Rala participación. Resultados inventados al gusto del comandante. Protesta por el robo. Juramentación de “autoridades electas”. Y siempre, siempre, la sonrisa sardónica de Roberto Rivas celebrando sus maldades. Todo este circo costó este año 375,430,000 córdobas. Cada nicaragüense vivo, desde recién nacidos hasta ancianos, paga 62 córdobas por este espectáculo de mala muerte.
Cambiolín
Con estas elecciones me pasa lo mismo que con el cambiolín, esa vieja y obvia estafa que siempre encuentra gente dispuesta a dejarse engañar. Cada vez en cuando sale la misma noticia: estafaron a alguien con el cambiolín. Y hay a algunos que los estafan una, dos y hasta tres veces con la misma trampa, y uno piensa que se debe ser muy tonto para caer tantas veces en esa anunciada estafa. Pero ahí están los partidos demostrando que en la naturaleza humana está tropezar con la misma piedra, una y otra, y otra vez. Bueno, algunos humanos. Ingenuos. Creo.
Manual del fraude
“Siempre el que pierde se queja”. Esta frase es todo el manual de defensa del fraude. Usted podrá demostrar que en una Junta Receptora de Votos votó el doble de los inscritos, y el ciento por ciento a favor del partido de gobierno en una estadística inverosímil, pero todo el argumento y los hechos lo desacreditarán con que usted “se queja porque perdió”. Lo dice desde el magistrado electoral mientras afila el lápiz para cuadrar las cifras al gusto del comandante hasta el activista de barrio mientras rellena con boletas las urnas en que su partido perdió.
Ladrones
Fraude es robar. De hecho más grave. Hay más honestidad en un carterista del Mercado Oriental que en un magistrado que acomoda las cifras para que gane quien perdió y pierda quien ganó. No es el resultado el que asquea. Es el proceso. Puedo como ciudadano tener mis preferencias por uno u otro candidato, pero prefiero ver perder a mi candidato en una elección limpia y transparente que verlo ganar con trampas. Así que cuando escucho que quienes dicen que el que se queja es porque perdió, pienso que lo mismo pensarán cuando alguien denuncia al ladrón que vio robando la cartera a otro ciudadano.
El reino de las mentiras
Lo que sucede es que los nicaragüenses luchamos todos los días para que no se instale definitivamente el reino de las mentiras. Quieren obligarnos a que llamemos blanco a lo negro, “elecciones” a su contrario, “vivir bonito” a la uniformización, revolución a la regresión, “pobres del mundo” a quienes viajan en Mercedes Benz y aviones privados, como si viviéramos en aquella novela de George Orwell, 1984, donde las tres principales consignas del partido de gobierno eran: La guerra es la paz; la libertad es la esclavitud; y la ignorancia es la fuerza.
Mitómanos
Peor que un mentiroso es un mentiroso que obliga a creerle. Esos que cuando se les atrapa en la mentira más bien se indignan y se sienten traicionados porque ni siquiera se simuló creerles. Mitómanos. Por ejemplo, tenemos que hacer que nos creemos que la Concha Acústica y el Faro de la Paz están siendo demolidos porque representaban un peligro para los nicaragüenses en caso de un terremoto, y no tiene nada que ver, ¿oyeron?, con las obsesiones de ciertas personas por eliminar todo vestigio de aquellos que los superan con creces ética, moral e históricamente. Es por los sismos, ¿oyeron? No vaya ser que se enoje la señora.
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