Hoy toma posesión el nuevo presidente de Costa Rica, el académico, politólogo e historiador Luis Guillermo Solís, elegido el 6 de abril pasado en segunda ronda electoral, con el 77.99 por ciento de los votos de los ciudadanos costarricenses que ejercieron su derecho de votar y elegir; pues en Costa Rica no solo hay derecho de votar, sino también de elegir, a diferencia de Nicaragua, donde se vota pero no se elige.
Con su Partido de Acción Ciudadana (PAC), Solís ha roto el bipartidismo presidencial que durante mucho tiempo ejercieron los partidos tradicionales, Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana. Y fue elegido sin ninguna sombra de duda, ni sospecha de fraude, gracias a un impecable sistema electoral que desde hace más de sesenta años ha sido la base de la democracia costarricense, la más desarrollada de Centroamérica y una de las más respetadas de América Latina y el Caribe.
El cambio de mando presidencial en Costa Rica importa a Nicaragua, no solo porque son vecinos inevitables sino también por la importancia de las relaciones entre ambos pueblos y Estados, que en general son complementarias pero que a ratos en algunos ámbitos se tornan difíciles, incluso conflictivas. Aunque es necesario precisar que los conflictos no son por culpa de los pueblos de ninguno de los dos países, sino causados por las acciones erróneas y las provocaciones fronterizas de sus gobernantes, lo mismo que por los prejuicios nacionalistas que algunos políticos crean y atizan para favorecer sus intereses.
Las relaciones de Nicaragua con Costa Rica son de primordial importancia, por la magnitud del intercambio comercial que para la parte nicaragüense es la segunda en Centroamérica. Pero también por el gran aporte de la fuerza laboral nicaragüense a la economía costarricense, y por el considerable beneficio que recibe la economía nacional de Nicaragua con las cuantiosas remesas familiares procedentes de Costa Rica.
Los gobernantes de Nicaragua y Costa Rica tienen que saber, que los intereses comunes deben estar por encima de las desavenencias fronterizas. Y ahora, con el nuevo gobierno de Costa Rica se crea la expectativa de que se le dé más importancia a las relaciones económicas entre ambos países, que a los conflictos en la frontera. Eso es lo que se puede deducir de las declaraciones del nuevo ministro costarricense de Relaciones Exteriores, el abogado Manuel González Sanz, con mucha experiencia en el tema del comercio internacional, quien ha dicho lo siguiente: “La agenda bilateral con Nicaragua existe y hay que continuarla. Tenemos que ver qué se resuelve en los casos que están actualmente en la Corte de La Haya. El presidente electo (Solís) ha sido muy claro de las políticas con Nicaragua, yo tuve mucha relación con ese país en política de comercio exterior, y eso no tiene por qué cambiar”.
En realidad, hay que dejar que el tribunal internacional de justicia resuelva los aspectos conflictivos de las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica, que son los fronterizos, e implementar su sentencia mediante algún tratado o acuerdos bilaterales que comprometan a ambas partes a mantener, en lo sucesivo, relaciones amistosas y armoniosas de cooperación y beneficio mutuo.
Y ojalá que Nicaragua pudiera aprender de Costa Rica, por lo menos a hacer elecciones decentes, libres y limpias, para que sus gobernantes sean legítimos y puedan gozar del respeto y la confianza de todo el pueblo nicaragüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A