El jueves 1 de mayo se informó al mundo que el “David” de Miguel Ángel, escultura clásica del Renacimiento italiano, se encuentra dañada con fracturas en las partes inferiores de sus piernas de mármol.
La famosa estatua que retrata al héroe bíblico en el momento en que va a enfrentarse con el gigante filisteo, Goliat, y lo derrota, es conservada en la Galería de la Academia de Florencia. Las autoridades florentinas invertirán lo que sea necesario para reparar el daño que sufre la famosa escultura, igual que lo hicieron siempre en el pasado para preservar ese tesoro que es de Florencia e Italia, pero también de toda la humanidad.
Cabe reflexionar al respecto que las autoridades de Florencia hubieran ordenado destruir la escultura de Miguel Ángel, si fuesen como las de Nicaragua, y particularmente las de Managua, que han demolido edificios y obras monumentales de gran valor histórico, como el Faro de la Paz y la Concha Acústica de la Plaza de la Fe; el primero erigido por el gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro, en memoria del fin de la guerra civil de los años ochenta, de la pacificación de Nicaragua y la reconciliación nacional; y la segunda, construida por el alcalde de Managua, disidente democrático del partido FSLN, Herty Lewites, para hacer allí presentaciones culturales especiales.
No cabe duda de que es imposible comparar el “David” de Miguel Ángel con el Faro de la Paz y la Concha Acústica de Managua, aunque estos tuvieran un inmenso significado histórico y un gran valor cultural para los nicaragüenses amantes de la paz, la libertad y la cultura, que seguramente siguen siendo mayoría en Nicaragua. En realidad, si relacionamos estos hechos es para contrastar la cultura, la responsabilidad gubernamental y el ánimo de conservación histórica de las autoridades italianas, con la tosquedad, la irresponsabilidad y la compulsión destructora de las autoridades orteguistas, de Managua y de todo Nicaragua, a las que al parecer les repugnan los símbolos de cultura democrática y cualquiera que no sea afín a su ideología sectaria, intolerante y avasalladora.
Los diseñadores de los monumentos destruidos han aclarado que no había necesidad de demolerlos. Sobre el Faro de la Paz, el arquitecto Nelson Brown señaló que era “una barbaridad” haber destruido un monumento “que representaba un hecho histórico”. Mientras que el arquitecto Glen Howard Small, diseñador de la Concha Acústica, expresó que no lograba comprender la innecesaria destrucción de una obra monumental que aunque tuviera algunas fallas era posible repararla.
Pero lo cierto es que los supuestos daños físicos de los monumentos solo ha sido un pretexto de las autoridades orteguistas, para justificar su destrucción. Su propósito es borrar de la memoria histórica de los nicaragüenses, todo lo que se asocie con la democracia y la disidencia democrática. Ya trataron de hacerlo, infructuosamente, en los años ochenta y ahora lo están intentando de nuevo, pero también inútilmente, porque el recuerdo de los sucesos, buenos y malos, así como los valores y las creencias, no se pueden borrar de la memoria de la gente. Mucho menos cuando las representaciones materiales de los hechos históricos son brutal y torpemente destruidas.
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