El último de los grandes acontecimientos políticos del siglo XX, en Nicaragua, fue el triunfo electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro, el 25 de febrero de 1990, y su toma de posesión presidencial el 25 de abril siguiente, hoy hace 24 años.
Aquel evento significó un viraje en el devenir histórico del país, tanto o más importante que los otros cambios de rumbo en la historia nacional: la contrarrevolución conservadora de 1909; la ocupación militar de EE. UU. entre 1910 y 1933; la revolución liberal constitucionalista de 1926; la guerra de Sandino de 1927 a 1933, y su asesinato en febrero de 1934; el establecimiento de la dictadura somocista en 1936 y la revolución sandinista de 1979.
Con la toma de posesión presidencial de doña Violeta ocurrió —por primera vez en el siglo XX— un cambio de gobierno y además de régimen político, por medio del voto popular. Y también fue la primera vez que se instaló un gobierno cuyo objetivo y compromiso era establecer una auténtica y plena democracia republicana, con todos sus atributos de separación de poderes, Estado de Derecho, justicia independiente, sufragio universal en elecciones justas y limpias, alternancia en el poder, etc.
Muchos nicaragüenses creyeron que a partir de ese hecho histórico la democracia sería irreversible en Nicaragua. Por desgracia no fue así. Solo 17 años después el país volvería a caer en la trampa de la dictadura, que ahora es ejercida con modalidades distintas a las dictaduras somocista y sandinista del siglo XX, pero igual es una dictadura para todos los efectos gubernamentales.
Actualmente, ante el desmantelamiento de la institucionalidad democrática y la consolidación de la dictadura orteguista por medio de componendas y la institucionalización del fraude electoral, muchas personas creen que no hay posibilidad de volver a sacar a Daniel Ortega del poder y restituir la democracia republicana en el país, por la vía electoral. Sin embargo, si bien es cierto que en el momento actual no hay posibilidad de cambiar gobierno y régimen político mediante elecciones, eso no quiere decir que no se pueda volver a crear las condiciones para que tal cosa sea posible más adelante. Ni significa que solo queda el camino de la guerra.
En Nicaragua, jamás la guerra civil, ni la revolución armada ni ninguna otra forma de violencia fueron útiles para establecer la libertad y la democracia, solo sirvieron para imponer otras dictaduras y causar terribles daños humanos y materiales a la nación. La violencia no es y nunca más debe ser una opción en el país. La oposición política, la sociedad civil y todos los nicaragüenses que quieren vivir en democracia, con justicia social pero también con libertad y vigencia efectiva de todos los derechos humanos, pueden y deben movilizarse en demanda de garantías electorales, para que se pueda producir el cambio de gobierno y la restauración de la democracia de manera cívica y pacífica.
Si el regreso de la dictadura ha sido posible también debe ser factible la restauración de la democracia . Y si el cambio de gobierno y de sistema político se logró en 1990 por la vía electoral, también ahora se puede volver a lograr. Pero nada surge espontáneamente ni cae del cielo. Hay que luchar para que eso pueda suceder.
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