Gloria Picón y Tania Sirias
Con la mano derecha en alto, uno a uno, los 54 funcionarios que fueron electos en estos días juraron respetar la Constitución, las leyes, los derechos y libertades del pueblo nicaragüense, pero al menos 30 de ellos fueron reelectos y en diversas ocasiones violentaron ese mismo juramento que hicieron hace algunos años.
El martes 8 de abril, poco antes de las 9:00 a.m., los diputados sandinistas estaban en el plenario, ya tenían instrucciones de su jefe de bancada y la junta directiva del parlamento empezó a desempolvar los informes con los nombres de candidatos para la elección de 25 funcionarios, que dormitaban desde el 2010.
La decisión sorprendió a los diputados de la Bancada Alianza Partido Liberal Independiente (Bapli), quienes esperaban la elección hasta el día miércoles 9 de abril, por lo que tuvieron que armar una reunión relámpago en la que acordaron abstenerse en la votación.
SE HICIERON LOS SORPRENDIDOS
Ese día también aparecieron antes de las 9:00 a.m. algunos de los contralores y un par de caras nuevas, pues ya les habían indicado con anticipación que serían reelectos, pero aún así cuando René Núñez, presidente de la Asamblea Nacional, decía con sus voz ronca: “63 votos, reúne los votos necesarios para ser electo”, se hicieron los sorprendidos, incluso María Dolores Alemán Cardenal, hija del exmandatario Arnoldo Alemán y la sandinista Marisol Castillo, quien se había desempeñado como magistrada suplente en el Consejo Supremo Electoral (CSE), se tomaron de las manos, como esperando un veredicto de reinado de belleza.
Durante los tres días de elección, a la expresión de alegría de cada electo se sumaban los aplausos del séquito de empleados que habían llevado. Tal fue el caso de los funcionarios del Consejo Supremo Electoral (CSE), la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Al menos esta vez estaban en aire acondicionado y no en la rotonda bajo el sol inclemente.
El miércoles, los diputados de la Bapli llegaron al plenario, participaron del debate político y votaron en contra de la reelección de Roberto Rivas en el CSE, la manzana de la discordia, pues prefirieron no participar en la elección, antes que votar por Rivas, como el Frente Sandinista había condicionado.
Rivas probablemente escuchó cada intervención de los opositores que incluso dijeron que los epítetos se han agotado para calificarlo y que su reelección está salpicada de sangre, pero su reacción a los argumentos de la Bapli no se pudo ver, ni siquiera un gesto, pues apareció en el hemiciclo hasta que fue juramentado por la junta directiva de la Asamblea Nacional.
ROBERTO RIVAS METIDO EN UNA OFICINA
Rivas, junto a sus colegas, se mantuvo en una oficina y no en la zona de invitados como hicieron los demás. Cuando salió llevaba una gran sonrisa e inmediatamente fue aplaudido y los diputados orteguistas se fundieron en abrazos con él y los demás magistrados del CSE, y así una vez más juró respetar la Constitución, las leyes y los derechos y libertades de los ciudadanos. Después Rivas salió del parlamento fuertemente escoltado, se subió a su camioneta de lujo y no dijo una palabra.
Otros funcionarios no tuvieron reparo. Tal fue el caso de Omar Cabezas, quien llegó a decir que su reelección se debía a su “currículo impecable”.
El jueves 10 de abril ya no hubo debate, pero sí sorpresas, pues los orteguistas decidieron nombrar a José Adán Guerra y a Virgilio Gurdián como magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Ellos también llegaron temprano al parlamento, pero Gurdián, con su cabello engomillado y traje impecable, al igual que Rivas, solo salió cuando fue llamado para ser juramentado. Y así los 54 funcionarios públicos que debieron ser nombrados desde hace cuatro años, quedaron pintados de rojinegro.
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