Luis Sánchez Sancho

Dafnis y la canción bucólica

Ante todo debo advertir que no se debe confundir a Dafnis, personaje masculino de la mitología griega (a quien voy a referirme en esta columna), con Dafne la ninfa de los bosques quien se convirtió en el árbol de laurel para escapar del acoso sexual del incansable Apolo.

Dafnis era hijo de Hermes, el dios mensajero, y de una ninfa cuyo nombre me es desconocido. A Dafnis se atribuye haber creado la poesía y la música bucólica. Según se dice en el excelente diccionario universal en línea, Dixio (y disculpen la extensa cita), el bucolismo: “Es una temática habitual de la literatura, la pintura y el teatro que suele ambientar en lugares naturales rústicos como bosques y montañas, en cercanía de prados y agua, diálogos de temática amorosa y disputas musicales protagonizadas por pastores, a veces encubriendo personajes o historias de amor reales. En la literatura se refleja a través de géneros como el idilio, la égloga, la serranilla, la pastorela, la égloga dramática o farsa pastoril y la novela pastoril”.

Después de dar a luz a su bebé la ninfa lo abandonó en medio de un bosque de árboles de laurel. Allí fue encontrado por otras ninfas que se se compadecieron de la criatura, la recogieron, le dieron el nombre de Dafnis (que viene de la palabra dafne, cuyo significado es laurel), lo criaron y lo educaron con esmero.

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Al quedar ciego, Dafnis se llenó de tristeza y se dedicó a componer bellas melodías y canciones acerca de amores frustrados o sin esperanza, entre pastores y ninfas de los bosques. Él mismo ejecutaba magistralmente, con su flauta maravillosa, aquellas melodías que deleitaban a Artemisa, la diosa virgen de la cacería y de los bosques.

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Dafnis se hizo pastor y aprendió con Pan (el dios de los bosques) a tocar la flauta y a componer canciones encantadoras. Cuando creció, Dafnis se enamoró de Nomia, una náyade o ninfa de las aguas de las fuentes, los arroyos y los ríos, quien primero se resistió a sus requerimientos amorosos pero finalmente lo aceptó, haciéndole prometer que le sería fiel para siempre.

Ocurrió, sin embargo, que una hermosa princesa siciliana pasó un día por el bosque, vio a Dafnis y se enamoró de él. Pero Dafnis, por su juramento de fidelidad a Nomia, no quiso hacerle caso.

La obsesiva princesa no desistía de su empeño en conquistar a Dafnis, de manera que urdió un plan para lograr su propósito. Invitó a Dafnis a tomar un vino delicioso pero muy embriagador, y cuando estaba ebrio, lo indujo a yacer con ella.

Nomia se enfureció al darse cuenta de que Dafnis había roto su juramento de fidelidad, y, cegada por la celos le arrancó los ojos a quien hasta entonces había sido su amoroso y fiel amante. Dafnis, al quedar ciego se sumió en una profunda tristeza y decidió dedicarse a componer bellas canciones acerca de amores frustrados y sin esperanza entre pastores y ninfas de los bosques. Canciones que él mismo tocaba magistralmente con su flauta y con las cuales se deleitaba Artemisa, la diosa virgen quien cuando bajaba a la Tierra solía pasear por el bosque donde vivía Dafnis.

Dafnis se dedicó también a educar a los pastores, quienes hasta entonces habían vivido en condiciones primitivas, prácticamente como los animales. Dafnis les enseñó a los pastores a respetar a los dioses y en particular les inculcó el culto a Dionisio. Por eso, cuando Dafnis murió —según algunos como consecuencia de haber caído por un barranco, cuando caminaba a ciegas por el bosque, o de muerte natural y ya viejo de acuerdo con otras versiones—, su cuerpo fue montado en el carro de Dionisio que era halado por cuatro hermosos tigres, y fue llevado a recorrer el mundo a fin de que las ninfas, los seres humanos y los animales lloraran su muerte y le rindieran el tributo que merecía.

Después Hermes subió a Dafnis al cielo e hizo brotar una fuente en el lugar donde perdió los ojos. La fuente fue llamada Dafnis y a su alrededor se erigió un santuario donde se solía realizar una gran celebración anual en su memoria.

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