Al concluir su primera asamblea general de este año, celebrada en la isla de Barbados, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) emitió una resolución especial sobre la crisis Venezuela.
En esa resolución, la SIP condena los atropellos a la libertad de prensa y a los derechos humanos en general, cometidos por el gobierno de Venezuela, y saluda “las iniciativas internacionales para la interposición de buenos oficios o mediación”, a fin de buscar una salida pacífica y democrática a la profunda crisis política y social que sufre ese país suramericano.
Casi al mismo tiempo, la asociación de gobiernos denominada Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) logró reunir a representantes de una parte de la oposición venezolana, con el presidente Nicolás Maduro, como primer paso para un diálogo político que permita explorar una salida negociada a la crisis, la cual ha cobrado alrededor de cuarenta vidas humanas, centenares de heridos y presos y una gran destrucción material.
De acuerdo con una encuesta de la firma Datanálisis, la mayoría de los venezolanos quiere y demanda el diálogo. El 68 por ciento de la población de Venezuela se apunta a esa opción, según la encuesta mencionada, pero, al mismo tiempo, también la mayoría de los encuestados (el 51.4 por ciento) no confía en que la crisis se pudiera resolver mediante el diálogo que se está montando.
Quizás la falta de confianza de la ciudadanía venezolana en una salida de la crisis mediante el diálogo, se deba a que una parte de la oposición —precisamente la más beligerante que ha convocado y encabezado las manifestaciones callejeras—, no apoya el diálogo sin condiciones, como lo promueve Unasur. “No aceptamos (un) diálogo que pretende desmovilizar la protesta pacífica. ¿Diálogo para qué? ¿Para estabilizar la dictadura o para transitar a la democracia?”, expresó la enérgica y popular dirigente opositora, María Corina Machado, después de reunirse con algunos cancilleres de Unasur.
En adición, el partido Voluntad Popular, cuyo principal dirigente, Leopoldo López, se encuentra encarcelado por el régimen chavista desde hace más de 50 días, condicionó su participación en el diálogo a la puesta en libertad de todas las personas que están encarceladas como consecuencia de la represión gubernamental contra las manifestaciones opositoras. Mientras que el Movimiento Estudiantil exige también la liberación previa de todos los detenidos y además que el Gobierno respete las protestas pacíficas y desarme a los paramilitares chavistas.
Sin embargo, la falta de confianza de la población en que la crisis se pueda resolver mediante el diálogo, se funda sobre todo en la insistencia de Maduro en que la negociación debe ser para que la oposición se someta al Gobierno, lo cual es inaceptable aún para los opositores más moderados que encabeza Henrique Capriles.
Si el chavismo es la causa de la crisis no puede ser al mismo tiempo la solución. Como han declarado los obispos de Venezuela en su Carta del 2 de abril, la causa fundamental de la crisis es el sistema totalitario que se está promoviendo. Lo cual significa que el diálogo solo tiene sentido si es para desmontar de manera gradual y programada el régimen totalitario y restaurar también gradualmente la democracia socavada por el chavismo.
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