En la madrugada del sábado un centenar de habitantes de Iquique, a 1,857 kilómetros al norte de la capital, levantó barricadas y cortó el tráfico en algunas calles de la ciudad, una de las más golpeadas por el sismo, que causó seis muertos y decenas de heridos.
Los vecinos manifestaron así su protesta por la tardanza en la llegada de ayuda que les permita sobrellevar mejor los daños que sufrieron muchas viviendas y la falta de agua y luz en varios sectores, que se prolonga ya por cinco días.
Los damnificados tratan de que se agilice la entrega de mantas, ropa de abrigo y otros elementos para hacer frente a las consecuencias de la catástrofe, en una población que desde que se produjo el terremoto ha debido dormir en lo cerros o en algunos refugios de emergencia por temor a un tsunami.
Los ministros chilenos del Interior, Rodrigo Peñailillo, y de Defensa, Jorge Burgos, se trasladaron al norte del país por orden de la presidenta Michelle Bachelet, para acelerar la segunda fase del plan de ayuda, centrado en las localidades alejadas del borde costero.
Pese al esfuerzo desplegado por el Gobierno con apoyo del Ejército, muchas localidades del norte del país, ubicadas a los pies de la cordillera de Los Andes, se mantienen aún aisladas.
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