Joaquín Absalón pastora

Fantasía y realidad

Nunca antes se habían juntado los extremos de la fantasía y de la realidad como el día en que se hizo conmemoración del primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez. Su heredero designado por el difunto —sin corona en la cabeza— montó la recordación, más jubilosa que luctuosa. La apoteosis oficial tiró al viento la seguidilla marcial de los aviones, y en tierra la arrogancia de los soldados para totalizar la imagen de que la revolución cuenta con dominios en tierra y aire. Faltó el rito de la destreza marina porque el agua estaba distante, una demostración pendiente para completar la trinidad de tierra, mar y aire.

 

Pero en este caso el poder no mostró su efectividad en el área riesgosa de la lucha, simplemente se supeditó al espectáculo que bien pudo haber alcanzado en el entramado de una película de esas que tanto hemos visto con bocones como Hitler y émulos en la tribuna, para colmar el deseo de los cinéfilos que disfrutan con las altas temperaturas de la violencia. Yo vi en la cama de la paz al canal de televisión venezolano obligado a reproducir esas escenas presentadas como símbolos de la realidad pero que en el fondo son fantasías, el complejo de mostrar a los tanques blindados como una forma de repeler el vuelo de las piedras. Y después de la marcha, de pasos teatrales en tierra y piruetas en el aire, la furia verbal, la lengua sin freno, otra arma mortífera acaso más dañina que el vómito de fuego de los tanques.

 

Yo nunca olvido —y es una anécdota real vivida— la vez que acompañé a otros liberales independientes, el día en que a Virgilio Godoy en la toma de posesión de Azcona Hoyos, antes de la ceremonia del traspaso en el Estadio de Tegucigalpa, mientras la Fuerza Aérea mostraba el surtido de sus habilidades, un soldado de la seguridad le preguntó antes de ingresar al acto “¿y usted tiene armas?” Sí, le respondió. “¿Cómo, qué armas?” Y estiró la lengua para mostrar que esa era la que llevaba: “Un arma mortífera”. Esa fue la que mostró Maduro el día en que hizo uso verbal en la entelequia.

 

Y cuando uno ve esas demostraciones no puede dejar de apelar a la lógica, de percibir las contradicciones: hay divisas para comprar esos aviones, pero no las hay para los alimentos porque lo impiden las restricciones monetarias del sistema, razón por la cual no es posible satisfacer los requerimientos elementales de la población que estaba ese mismo día en insólita simultaneidad protestando contra la evidencia, mientras las alas danzaban en el espacio.

 

Las riquezas petroleras del país no son aprovechadas, nunca lo han sido según Arturo Uslar Pietri en su libro: La Civilización del Petróleo.

 

Dos acaecimientos: la fiesta del poder, deslumbrante y ampulosa, y el grito de lucha de los expuestos a morir para vivir, el título contradictorio de otro drama que lleva días de estarse exhibiendo en la pantalla volátil de las calles.

 

El mismo día de la conmemoración, los ojos oficialistas se alborozaban con ver el desfile militar y pedante de la fantasía, en tanto los ojos del dolor escudriñaban sollozantes la hilera de las víctimas en la acera de las críticas. Fantasía y realidad comprobadas con distinto color en el cristal de la mirada y de los sentimientos…  

 

El autor es periodista.

 

Editorial Fantasía realidad archivo

COMENTARIOS

  1. Julio Larios
    Hace 12 años

    Excelente artículo. Gracias por esas sabias reflexiones.

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