Bienvenido, cardenal del pueblo

Ayer por la noche regresó a Nicaragua el cardenal Leopoldo Brenes. Aclamado por una muchedumbre, el cardenal Brenes desfiló del Aeropuerto a la Catedral de Managua, donde ofreció un tedeum o himno de acción de gracias. Y hoy, el flamante cardenal Brenes concelebrará una misa solemne en la misma catedral de Managua, con los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y los obispos eméritos. Esta será la primera Eucaristía que oficie el cardenal del pueblo en su patria, después de haber sido investido con esa dignidad por el papa Francisco, en el Consistorio del sábado 22 de febrero recién pasado, un acontecimiento para la historia que LA PRENSA cubrió directamente por medio de un enviado especial que viajó hasta Roma y Ciudad del Vaticano.

El júbilo que embarga a Nicaragua por la investidura cardenalicia de monseñor Brenes, no la motiva solo el orgullo de tener en Nicaragua un segundo cardenal de la Iglesia católica, mientras que en todos los demás países de Centroamérica apenas hay uno más: el cardenal Oscar Rodríguez, de Honduras. La inmensa alegría es porque a monseñor Brenes se le considera —con toda razón— un verdadero cardenal del pueblo y una esperanza en que tiempos mejores vendrán pronto para Nicaragua.

En realidad, no cabe ninguna duda de que monseñor Brenes fue escogido como nuevo cardenal de la Iglesia católica, porque su personalidad —humilde, franca y transparente— calza adecuadamente en el modelo de pastor que quiere el papa Francisco, quien, cuando nombró a los 19 nuevos cardenales, el 12 de enero pasado, les envió a cada uno una carta personal advirtiéndoles: “El cardenalato no significa una promoción, ni un honor, ni una condecoración; es simplemente un servicio que exige ampliar la vista y agrandar el corazón… Así que te pido, por favor, que recibas esta designación, con un corazón sencillo y humilde. Y, aunque lo hagas con alegría y con gozo, intenta que este sentimiento se aleje de cualquier expresión mundana, de cualquier celebración ajena al espíritu evangélico de austeridad, sobriedad y pobreza”.

El papa Francisco ha insistido en varias ocasiones, en que los obispos y los cardenales “deben ser hombres que no tengan psicología de príncipes”, para que puedan ser “capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido”. Ellos no deben tener mentalidad de príncipes renacentitas, ha dicho el papa Francisco, en obvia referencia a la época de no muy buenos recuerdos para la Iglesia católica, de cuando los cardenales eran también ricos nobles y poderosos políticos, pero muy malos pastores eclesiásticos, como Richelieu y Mazarino que fueron primeros ministros de Francia, y el cardenal Cisneros, quien de confesor de Isabel la Católica saltó a regente de la corona española.

Tenemos la certeza de que las recomendaciones del papa Francisco no serán un desperdicio para el cardenal Brenes. Estamos seguros de que el púrpura cardenalicio no se le subirá a la cabeza. Que él será el cardenal del pueblo, el pastor que huele a oveja y no al perfume del poder, como lo pide Francisco y lo necesita Nicaragua.

COMENTARIOS

  1. Aldebaran
    Hace 13 años

    Bienvenido cardenal de los católicos, bienvenido!!

  2. feligres
    Hace 13 años

    El pastor, huele a oveja. El anterior, a borrego. VIVA POLITO!!!

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