En la edición de LA PRENSA de este lunes 10 de febrero, varios estudiantes universitarios de Derecho opinaron sobre la contrarreforma constitucional orteguista —que precisamente ayer entró en vigencia formal—, la cual tiene como objetivo institucionalizar la nueva dictadura de Daniel Ortega.
Las opiniones vertidas por los jóvenes estudiantes de ciencias jurídicas sobre la contrarreforma constitucional orteguista, son interesantes y deberían ser tomadas en cuenta por la oposición y por las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en construcción de ciudadanía y movilización social, así como también por quienes habitualmente analizan la problemática política nacional en los medios de comunicación social.
Entre las opiniones diversas e interesantes expresadas por los futuros abogados, cabe destacar la de la señorita Claudia Reynoza Jarquín, estudiante del cuarto año de Derecho en la Universidad Politécnica (Upoli). Esta joven aspirante a jurista, además de precisar algunos temas que a su juicio son muy importantes pero fueron omitidos en la reforma orteguista de la Constitución, también señaló con franqueza y certeza la indiferencia y la pasividad de la ciudadanía nicaragüense ante un problema de tanta trascendencia nacional, como es el de la reelección presidencial indefinida. “La reelección ya está instaurada, pero si hubiera una población con conciencia democrática y de relevo generacional, no (se) permitiría en las próximas elecciones que Daniel Ortega vuelva a ser presidente ( ) le echamos la culpa a los políticos, pero los ciudadanos que los ponemos ahí estamos permitiéndolo”, expresó la futura jurista nicaragüense.
Ciertamente, es común que se critique a la oposición política partidista, o lo que queda de ella, porque al parecer solo busca hacer acuerdos con el oficialismo y negociar cargos públicos de figuración y provecho particular, pero no moviliza a los ciudadanos para que salgan a la calle a defender las instituciones de la democracia. Sin embargo, no se puede movilizar a una ciudadanía que no quiere movilizarse, y a la cual, lamentablemente, no parece importarle que las instituciones democráticas sean socavadas y que una nueva dictadura se instaure y consolide en el país. La realidad es que organizaciones de la sociedad civil convocan una y otra vez a la gente, para ir a la calle a luchar por la libertad y la democracia, pero son muy pocos los que atienden esos llamados.
Sin duda que el desánimo y la desmovilización de la ciudadanía se debe a diversas causas, algunas muy complejas, que deben ser discutidas y escudriñadas por la oposición y la sociedad civil. Esto es indispensable a fin de poder determinar las estrategias adecuadas para que se pueda motivar a la gente a defender la libertad y la democracia, que es lo más importante y valioso que se puede tener, como personas y como sociedad. Movilizarse incluso para protestar contra el encarecimiento incesante de la vida, de la comida, de los combustibles, de la energía eléctrica, de todo lo indispensable para la vida diaria, pues ni siquiera por eso se protesta en la calle.
Sin embargo, y sin menospreciar los liderazgos políticos y sociales, la verdad es que cuando la gente decide protestar contra los abusos y reclamar sus derechos, no necesita que nadie la llame y la conduzca a luchar.
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