El Informe de Institucionalidad Económica de Nicaragua 2013, que el martes de esta semana presentó públicamente la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), ha confirmado que la economía nacional sigue funcionando bien, básicamente, y que seguirá creciendo el próximo año, lo cual es sin duda una buena y alentadora noticia.
Pero el hecho de que la economía funcione bien en términos generales —aunque sus beneficios no lleguen a la mayoría de los nicaragüenses—, no significa que no hay problemas, como lo advierte la misma Funides, que en su informe no solo constata y destaca la buena salud económica del país sino que también menciona sus puntos débiles, que deben ser atendidas por el Gobierno para prevenir posteriores situaciones negativas y consecuencias desagradables. Y hace, Funides, las debidas recomendaciones para que se superen esas debilidades, sobre todo en materia de institucionalidad económica.
Ahora bien, si la institucionalidad económica del país necesita ser fortalecida —como lo recomienda Funides—, con mucha mayor razón se requiere reconstruir la institucionalidad política democrática que ha sido gravemente socavada por Daniel Ortega, con el propósito de imponer su proyecto de poder político autoritario y total, vitalicio y dinástico. Además, la reconstrucción de la institucionalidad democrática no es necesaria solo por razones políticas, sino también por motivos económicos, porque es indispensable para que la economía funcione apropiadamente y cumpla su función de generar prosperidad, ante todo reducir y eliminar la pobreza.
Precisamente por la importancia que tiene el restablecimiento de la institucionalidad política democrática para el desarrollo de la economía, es que a nuestro juicio el Cosep insiste en demandar cambios sustantivos en el sistema electoral, para que vuelvan a haber elecciones justas y transparentes que son el fundamento de la democracia. Una estructura económica democrática, como es la de libre mercado, requiere el complemento de una superestructura política igualmente democrática. La armonía o congruencia en ambos componentes de la formación económico-social, es condición primordial para que la economía desarrolle su potencial y produzca los beneficios que se necesitan y se esperan de ella.
La experiencia china de una economía de mercado envuelta en un sistema político totalitario, no es un modelo ni una experiencia repetible. Los dirigentes comunistas chinos han podido mantener el sistema de una economía pujante con un régimen político despótico, por las enormes riquezas y potencial que tiene ese gran país asiático. Y aún así, China se tendrá que abrir a la libertad y la democracia política, aunque sea con la lentitud que es característica de esa nación milenaria.
Nicaragua es otra cosa. Aquí, además de fortalecer la institucionalidad económica como ha recomendado Funides, es sumamente necesario reconstruir la institucionalidad política democrática. Es decir, volver a realizar elecciones libres y limpias, restaurar el Estado de derecho, la justicia independiente, la separación de poderes, el pluralismo político efectivo, la alternancia en el poder, la despartidarización de las fuerzas armadas y el respeto pleno a los derechos humanos.
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