La casa está habitada por los ángeles que moran en sus momentos más íntimos. Vírgenes, cristos, arcángeles, niños dioses, santos, y pinturas coloniales que mezclan la tradición artística occidental y la visión de los artistas con el mestizaje, forman parte de la extraordinaria colección de arte sacro de la escritora Yelba Clarissa Berríos.
Clarissa confiesa que su sueño siempre fue tener un museo, de ese deseo más íntimo nació Angelorum (que en latín significa Habitación de ángeles o lugar de ángeles), un nutrido repertorio de iconos que dialogan entre sí, y que alberga piezas de los siglos 15 y 16, la escuela española, cuzqueña y arte popular.
La poeta dice que inició la colección con tres piezas, el ángel de la agonía de la casa de Julio Dubois de Guatemala y dos ángeles de talla española de 1820, desde entonces el muestrario ha ido creciendo.
La casa museo en su colección es ecléctica. En cuanto a la serie de pinturas, por su valor se destacan varios bodegones de flores de Alejandro Alonso Rochi, cuatro pinturas religiosas de Toribio Jerez, cuyas obras presentan un excelente dominio de la anatomía humana, y la técnica del color de 1896, San José el patriarca, la Santísima Trinidad y la Concepción de María, óleos de vírgenes del leonés Mario Escobar, el chileno Joel Tovar, y de Fernando Fernández.
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En pareja
Clarissa Berríos dice no contabilizar las esculturas que hay en su casa museo, pero recuerda que hace dos años habían 1,400 piezas, pero sí, lo que precisa es que todos los ángeles forman una pareja.
Como si se tratara de hacer un poema, ella manifiesta que cuidar de las imágenes es como hacer versos.
“Yo poetizo vistiéndolos, es como crear poesía, importó las telas de sus vestidos de Irán, aunque no soy costurera, los visto, les imprimo nacionalidades, ángeles árabes, indígenas, españoles, todos tienen pelucas de cabello natural que una vez al año van a la peluquería”, revela.
Como artista y coleccionista de estas singulares joyas de arte, dice que confecciona sus trajes y que en su elaboración invierte más de 40 horas de trabajo.
No es idólatra
Clarissa afirma no pertenecer al clan de los idólatras, dice ser cristiana, y mirar en los santos, y ángeles un único valor, el artístico. “Es lindo, ver cómo de un tronco de manera alguien puede realizar o tallar piezas hermosas”.
Así la coleccionista evidencia que la mejor pieza de su colección es una talla en madera de Juan Bautista Cuadra, el rostro de un Cristo cuyo soporte es el fragmento de una solera. Una obra que a pesar de estar inconclusa, su fisonomía es completa y perfecta, incisivos, caninos, molares, lengua, saliva y una mirada que regresa al dolor.
El Salón Rojo se exhibe un nacimiento a escala humana, venido de España, candelabros, estandartes, atriles, espejos, mesas de sacristía, incensarios, un dramático San Sebastián de mediana talla, de origen español y un solemne San Francisco de Asís de 1790, así como otros de 1850 pertenecientes a Bofill y Roy, de la casa barcelonesa.
Otro de los atractivos es el Salón Azul, se exhibe a la Virgen de la Merced y cuenta con arte popular, en él se exhiben los “ángeles indios”, algunos del maestro leonés Juan Otero.
También por los corredores se imponen los arcángeles, madonas, estampas del corazón de Jesús, y los Cristos de 14 y 15 pies de altura, donde la riqueza del ingenio está presente, impregnado con frecuencia de una enorme profundidad espiritual.
De esa pléyade de obras de arte barroco, clásico, y moderno de grandes maestros, se presentan la escuela cusqueña, española, y sudamericana. Seguidores de Miguel Ángel, que alcanzó con la Capilla Sixtina, desde la Creación al Juicio Universal, el drama y el misterio del mundo, dándole rostro a Dios Padre y a sus ángeles.
Para visitar la colección privada de la casa museo Angelorum, ubicada en el corazón de León, llamar al teléfono 86082273, previa cita.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B
















