Una magna y fiel compañera

La Iglesia católica ha celebrado en estos días el primer centenario de la creación de la provincia eclesiástica de Nicaragua, y lo ha hecho con todo el esplendor religioso y el fervor popular que merece una conmemoración tan trascendental.

Pero la existencia y el arraigo de la Iglesia católica en Nicaragua vienen de más lejos que la creación de la provincia eclesiástica el 2 de diciembre de 1913. Como dijera el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio José Báez Ortega, en el discurso que pronunció en el Teatro Rubén Darío con motivo de la celebración cultural de esta gran efemérides: “La historia de la fe y la presencia de la Iglesia católica en el país es mucho más antigua que la provincia eclesiástica y se remontan a los primeros años de la colonia española, ´cuando el Evangelio llegó a nuestras tierras en medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas´. (Aparecida, 4)” En realidad, hasta que el papa San Pío X creó la provincia ecleciástica de Nicaragua, lo que había en el país era una Diócesis subordinada a la Arquidiócesis de Guatemala. A partir de la creación de la provincia eclesiástica de Nicaragua, la Iglesia católica pudo delinear una fisonomía propia e identificarse de manera más profunda con la nación nicaragüense, de la cual es sustento espiritual y fiel compañera en las vicisitudes de su acontecer histórico. De allí que, según lo dijera también monseñor Silvio Báez, “la historia de la Iglesia católica en estos cien años es la historia de una Iglesia comprometida en acompañar desde la fe las distintas circunstancias sociales, económicas y políticas por las que ha pasado nuestro país”.

Con su franqueza característica, monseñor Báez, reconoce que en estos cien años no han faltado en la Iglesia “ni la sombra del pecado, ni la tentación del temor ni el deseo de instalarnos”. Pero advierte que tampoco la “ha abandonado la luz y la fuerza del espíritu del Señor para caminar con fidelidad, sabiendo —como diría San Pablo— que cuando hemos sido débiles, hemos sido fuertes, pues en nosotros ha actuado la fuerza de Cristo…” Ciertamente, a pesar de “la sombra del pecado” y de “la tentación del temor” que menciona monseñor Báez —así como del corruptor halago del poder político en cuyas redes han caído ciertos jerarcas y sacerdotes, agregamos nosotros—, la Iglesia católica está al lado de su pueblo. Así lo ha demostrado y lo sigue demostrando en los azarosos tiempos actuales, en los que se celebra el primer centenario de la provincia eclesiástica de Nicaragua.

LA PRENSA, desde su fundación en 1926 comprometió su respaldo a la Iglesia católica en todo lo que ella hace de bueno para las personas y para el pueblo, para la libertad y la democracia, del mismo modo que no ha vacilado en señalar las desviaciones de algunos de sus jerarcas y sacerdotes. En este sentido, vale la pena recordar ahora que las trampas del poder de nuevo están acechando a la Iglesia, las palabras del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal escritas en febrero de 1969 en su editorial titulado “Nuestras noticias sobre la Iglesia”, en el cual dijo que “si nuestra Nicaragua va a salvarse, solo será a través de un auténtico cambio cuya base está en las esencias cristianas tan olvidadas muchas veces”. Cambio que según el Director Mártir de LA PRENSA solo se puede dar si se parte “directamente y sin miedo, hacia la construcción de una sociedad más justa en lo social, en lo económico y en lo político”.

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