MÉXICO/AFP
Las fosas clandestinas encontradas en México producto de la violencia, como las halladas estas últimas dos semanas con más de 40 cadáveres, rebasan la capacidad de las autoridades para investigar e identificar los cuerpos y horrorizan a miles de familias que buscan a sus desaparecidos.
Desde el pasado 9 de noviembre han sido encontrados al menos 42 cadáveres en fosas clandestinas cavadas en diferentes puntos de los estados de Jalisco (oeste), Guerrero (sur) y Sonora (norte). Según autoridades locales, algunas de las víctimas podrían llevar muertas al menos un año y medio.
Su localización en tan corto espacio de tiempo, y en zonas de fuerte actividad de cárteles narcotraficantes, evocó los regulares hallazgos similares de víctimas del crimen organizado ocurridos en la pasada presidencia de Felipe Calderón, marcada por las más de 70,000 personas que fueron asesinadas desde el despliegue militar antidrogas que lanzó en 2006.
De acuerdo con cifras oficiales, obtenidas por la AFP a través de la ley de transparencia, entre diciembre de 2006 y septiembre de 2011 la fiscalía federal documentó 847 cadáveres hallados en fosas, la mayor parte en los estados norteños de Tamaulipas, Durango y Nuevo León.
La relación entregada por la fiscalía da cuenta de que estos macabros hallazgos crecieron a la par de la violencia en el país desde 2007, cuando sólo fueron encontrados 15 cuerpos, hasta que en los últimos nueve meses de 2011 se dispararon a 656. La fiscalía indicó que no cuenta con la relación de fosas halladas en los últimos 15 meses del gobierno de Calderón.
En México «tenemos una gravísima crisis humanitaria, una emergencia nacional por los desaparecidos», dijo a la AFP Julio Hernández, miembro de la oficial Comisión de Atención a Víctimas.
La tortura de identificar a un hijo
Según un recuento oficial, en México desaparecieron 26.121 personas durante el mandato de Calderón (2006-2012).
El actual gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018) dijo que estaba organizando y depurando esa lista porque ha detectado múltiples casos de huidas voluntarias de hogares pero se comprometió a reforzar la búsqueda del resto de desaparecidos. Para ello creó una unidad especial que ha sido criticada por falta de medios.
Cada hallazgo de una fosa con cadáveres, como los de este mes, sacude a cientos de familias que buscan a un hijo, un hermano o un padre entre listas que solo cuentan con datos que los peritos han ido clasificando de manera desordenada en las desbordadas fiscalías estatales, y que en ocasiones también desconfían cuando les dicen que su familiar ha sido encontrado.
Leticia Ponce pasó meses buscando a su hijo adolescente Jerzy, uno de los 13 jóvenes secuestrados por hombres armados a plena luz del día en el céntrico bar Heaven en mayo, en el caso reciente de violencia más sonado en la capital mexicana.
Las autoridades encontraron los cuerpos en agosto en una fosa clandestina cavada en una zona montañosa cercana a la capital y aseguran que los han identificado plenamente pero Ponce y otras ocho de las madres se niegan a recibir los restos porque dudan de que sean de sus hijos.
«Si te dijeran que éste es tu hijo, ¿tú lo creerías?», pregunta desolada Ponce mientras muestra la imagen de un cráneo en la pantalla de su celular. «Esto es Jerzy», recuerda que le dijeron las autoridades mientras le mostraban fotos de huesos. «Hasta que no vea a mi hijo, vivo o muerto, para mí está desaparecido», concluye decidida la madre, convencida de que el cuerpo de Jerzy no pudo convertirse en huesos en los tres meses que estuvo enterrado.
«Un Estado omiso»
Las autoridades «han pecado de omisión» y de «no haber invertido lo suficiente» en la identificación de los cadáveres, resume en declaraciones a la AFP el poeta Javier Sicilia, líder del mayor movimiento de víctimas de la violencia en México.
Cada una de las 32 fiscalías estatales y la federal necesitan contar con suficientes antropólogos forenses, con más médicos, peritos en química forense, genetistas y laboratorios de ADN, señaló Julio Hernández, quien cree que la situación de México se asemeja a la que enfrentó Kosovo hace algunos años.
Para este experto, la diferencia con los casos de desaparecidos en las guerras de la ex Yugoslavia o las dictaduras en Sudamérica es que en esos países hubo crímenes de Estado y en México «lo que tenemos es un Estado que ha sido omiso en la búsqueda y localización de miles de desaparecidos», la mayoría a manos del crimen organizado.