Seguridad Pop

Hoy en día se escribe mucho sobre el término “pop” para mencionar aquellas áreas del conocimiento, por ejemplo, psicología “pop” (de popular o en boga), en donde los autores, aficionados o incluso profesionales del entretenimiento, son percibidos por el público como psicólogos; pero no por sus logros académicos, sino únicamente por la percepción que han proyectado de sí serlo.

Carlos R. Flores (*)

Hoy en día se escribe mucho sobre el término “pop” para mencionar aquellas áreas del conocimiento, por ejemplo, psicología “pop” (de popular o en boga), en donde los autores, aficionados o incluso profesionales del entretenimiento, son percibidos por el público como psicólogos; pero no por sus logros académicos, sino únicamente por la percepción que han proyectado de sí serlo.

Esto mismo pasa en el área de Seguridad Operacional, en la cual existen empresas y ejecutivos que hacen de la Seguridad Operacional el más “pop” de todos los enfoques. Es algo curioso y digno de analizarse, porque la verdad, que cuando uno ve por vez primera este tipo de actuación, tiende a creer en todo lo que se le muestra, siendo artes ya tan depurados el marketing y las relaciones públicas.

Esta conducta se expresa mayoritariamente en rótulos y rituales organizacionales, o bien, en declaraciones altisonantes que no tienen fundamento en la realidad: “Usted está entrando a una empresa limpia y libre de accidentes y por lo tanto… bla, bla, bla”.

Esto está bien desde el punto de vista declaratorio, pero debería corresponder verdaderamente con el cumplimiento de las normas de Seguridad Operacional, las cuales deben tener su anclaje en las disposiciones legales.

Se narra la historia de una organización que invertía en serio solamente en rótulos y material desplegable, sobre la supuesta orientación hacia la Seguridad, no obstante sus prácticas eran bastante curiosas. Afirmaban que no se tenía a ningún encargado de Seguridad porque todos lo eran, lo que resultaba un poco confuso cuando había situaciones que debían reportarse, puesto que no había nadie que facilitara el proceso.

Se decía que la empresa era tan segura que ni siquiera ocurrían casi-accidentes, por lo cual no se reportaban, pero en realidad era que había un memorándum en el que se prohibía cualquier práctica de reportar accidentes o casi-accidentes, porque se consideraba que atentaban contra la reputación de las gerencias y de la empresa en general.

Los materiales impresos señalaban la indeclinable fijación por la seguridad de sus ejecutivos, pero nunca visitaban el campo ni las operaciones principales. Si en algún momento lo hicieron, fue solamente en alguna ocasión especial, y se extrañaban que nadie los conociera, ya que el personal de campo les preguntaba su nombre y que de cuál empresa contratista provenían.

Para analizar las estadísticas de seguridad en las reuniones mensuales, se hacía en 30 segundos; no se daban detalles porque no venían al caso, según sus ejecutivos. Los vigilantes y encargados de inspeccionar los camiones de carga hacían su trabajo llenos de confusión, puesto que no se sabía si se debía cumplir con los formatos de inspecciones o con lo que les mandataban los vendedores, ya que el formato prohibía la entrada de camiones sin extintores de fuego, sin embargo, se les ordenaba dejarlos pasar expeditamente.

Era la expresión viva de la Seguridad pop, un juego de espejos para dar a creer valores organizacionales sin ningún anclaje ético creíble, el juego preferido de nuestros tiempos.

(*) Consultor en Seguridad Industrial.

www.cambioculturalconsultores.net

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