VIENA/AFP
El presidente francés, Francois Hollande, y el jefe de la diplomacia estadounidense John Kerry mantienen la presión sobre Irán por su programa nuclear, aunque el mandatario ruso, Vladimir Putin, dijo el lunes que existe una «oportunidad real» para un acuerdo en Ginebra.
La ciudad suiza alberga a partir del miércoles la tercera ronda de negociaciones entre las grandes potencias del grupo 5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania) e Irán para tratar de sellar un primer acuerdo sobre su polémico programa nuclear.
Putin ha subrayado que «existe una oportunidad real para encontrar una solución a este viejo problema», dijo el Kremlin al término de una entrevista telefónica con su homólogo iraní, Hasan Rohani.
Las grandes potencias e Israel, sospechan que el programa nuclear civil de Teherán esconde objetivos militares, que le permitirán en el futuro dotarse con el arma atómica, lo que las autoridades iraníes niegan.
La última ronda de negociaciones en Ginebra, celebrada del 7 al 9 de noviembre, no logró un acuerdo provisional, pese a la presencia de numerosos ministros de Relaciones Exteriores del 5+1 y de Irán. En los últimos días, responsables estadounidenses, europeos y rusos han asegurado que es «muy posible» un acuerdo en Ginebra, pero John Kerry se ha mostrado prudente.
«No tengo expectativas especiales sobre las negociaciones de Ginebra, más allá del hecho de que negociaremos de buena fe y de que intentaremos llegar a un primer acuerdo», declaró Kerry durante una conferencia de prensa con su homólogo turco, Ahmet Davutoglu.
Tampoco ha confirmado si irá a Ginebra a finales de semana, aunque su portavoz Jennifer Psaki ha dicho que está «abierto» a esa eventualidad.
Por su parte, el presidente francés, que está de visita en Israel, también se ha mostrado inflexible. En un discurso en el Parlamento israelí dijo que «Francia no permitirá que Irán se dote con el arma nuclear».
Hollande, más intransigente que Washington, ha reclamado que se mantengan las sanciones internacionales contra Teherán «mientras no tengamos la seguridad de la renuncia definitiva de Irán a su programa militar».
El presidente francés planteó el domingo cuatro exigencias: colocar todas las instalaciones nucleares iraníes bajo supervisión internacional, suspender el enriquecimiento (de uranio) al 20%, reducir las reservas existentes y suspender la construcción de la planta de Arak, creada para producir plutonio, una alternativa al uranio altamente enriquecido que se utiliza para fabricar una bomba. Las objeciones de Francia imposibilitaron en buena parte que la semana pasada se llegara a un acuerdo en Ginebra.
Exigencias excesivas
Rohani ha respondido tras la conversación telefónica con Putin que «todo el mundo debe ser consciente de que las exigencias excesivas pueden complicar el proceso hacia un acuerdo en el que todos salgan ganando», El jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Javad Zarif, reiteró que el derecho de Irán a enriquecer uranio «no es negociable».
Un nuevo fracaso reforzaría, en cada campo, a los adversarios de un acuerdo.
Rohani, que asumió la presidencia en agosto, puede perder el apoyo del guía supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, si su política no produce ningún fruto.
La ausencia de solución o un acuerdo considerado demasiado complaciente con Irán complicaría también la tarea del presidente estadounidense, Barack Obama, que quiere disuadir al Congreso de reforzar las sanciones contra la República Islámica. Obama convocó este martes a los senadores más poderosos a la Casa Blanca para tratar de convencerles de que se abstengan de hacerlo durante el proceso de Ginebra.
En Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu también hace campaña contra un «muy mal acuerdo» con Irán.
Las promesas de Irán sobre el carácter pacífico de su programa nuclear contrastan con el aumento continuo de sus capacidades, especialmente del número de centrifugadoras, y con las obras de construcción del reactor de Arak, que Irán espera poner en marcha en 2014.
Si hubiera acuerdo provisional en Ginebra, Irán dejaría de enriquecer su uranio al 20%, reduciría sus reservas e interrumpiría las obras de construcción de Arak, a cambio de que las sanciones internacionales se suavicen.
Según un responsable estadounidense, cerca de 100.000 millones de dólares procedentes de la venta de petróleo iraní están actualmente congelados en bancos en el mundo.