Las conclusiones de la 69ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebrada en Denver, Colorado, Estados Unidos, sobre el estado de la libertad de prensa en las Américas, constituyen un informe completo sobre la censura de prensa en el siglo XXI.
Pero la censura, cualquiera que sea la forma en que se imponga, en el fondo es siempre la misma y no hace ninguna diferencia entre países y épocas.
El periodista y escritor cubano estadounidense Pedro Corzo, columnista de El Nuevo Herald de Miami, publicó ayer en este diario un artículo en el cual establece la diferencia —de forma, no de contenido— entre la censura de prensa que se imponía en la región en el siglo pasado y la que se está imponiendo en el siglo XXI.
“Las dictaduras militares que ensombrecieron América Latina en el pasado siglo XX —escribe Corzo— practicaban la censura de los medios de información para evitar que se divulgaran las violaciones a los derechos humanos en que incurrían con regularidad, pero esas restricciones eran temporales y cuando la censura era levantada, los medios publicaban las noticias que habían sido represadas por el régimen. En cambio los autócratas de la nueva ola gustan al igual que sus pares castrenses de censurar e intimidar a los periodistas y los medios, pero su objetivo final es controlar la información para que la censura sea permanente ”
En efecto, en el mencionado informe de conclusiones de la reciente Asamblea General de la SIP, se denuncia el permanente “acceso limitado a la información pública” en países como Venezuela, Panamá, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina, como un escollo para el trabajo periodístico. Se subraya que en algunos países de la región “impera una cultura gubernamental de secreto”, y se menciona aquellos donde sus gobernantes y funcionarios públicos “se niegan a ofrecer entrevistas o conferencias de prensa”. Este es precisamente el caso de Nicaragua, donde, según el registro que lleva LA PRENSA en una viñeta que se publica cotidianamente: “Desde el 10 de enero de 2007 van 2,478 días (a la fecha de hoy) sin que el presidente inconstitucional Daniel Ortega ofrezca una conferencia de prensa”.
Las conclusiones de la reunión que la SIP celebró en Denver, mencionan que en algunos países del hemisferio ni siquiera se ha aprobado una ley de acceso a la información pública. Lo cual, sin embargo, al menos en el caso de Nicaragua no hace ninguna diferencia, pues aquí existe una ley de esa materia pero es letra muerta para los funcionarios públicos, incluso para los militares que se ufanan de ser los más institucionales y respetuosos de la Constitución y la ley.
La coacción económica, la adquisición masiva de medios de comunicación para convertirlos en instrumentos de propaganda, las restricciones en la adquisición de divisas (como en Venezuela), los acosos judiciales y de entidades del poder ejecutivo, la aprobación de leyes para criminalizar la información, entre otros casos, los cuales son denunciados en las conclusiones de la 69 Asamblea General de la SIP, son las formas de la censura de prensa en el siglo XXI. El acoso a la libertad de prensa por parte de los neodictadores del siglo XXI tiene el mismo propósito de la censura de los dictadores militares del siglo pasado. Como señala Pedro Corzo, su objetivo es transformar al ciudadano “en un siervo que debe servir fielmente a quien se ha convertido en amo”.
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