Editorial: Las siete amenazas de Occidente a China
China, o más bien dicho su dirigencia comunista, se ha impuesto la tarea de “desamericanizar” el mundo, es decir, erradicar la influencia de Estados Unidos en la vida de los pueblos y de las relaciones internacionales.
Semejante propuesta ha sido presentada en un editorial difundido la semana pasada por la agencia de prensa oficial china, Xinhua, mediante la cual se expresan habitualmente los máximos dirigentes del Partido Comunista de China, que al mismo tiempo lo son del Estado y Gobierno de la República Popular China.
Aparentemente, este gran objetivo chino planteado por Xinhua ha sido motivado por la reciente crisis política en EE.UU., que durante dos semanas paralizó parcialmente al gobierno y mantuvo en ascuas la economía mundial. “Esos días alarmistas en donde los destinos de otros estén en manos de naciones hipócritas deben terminarse y un nuevo orden mundial debe ser puesto al mando”, proclaman los líderes comunistas chinos por medio de su agencia oficial. Pero la crisis gubernamental de Estados Unidos —que no ha sido la primera ni será la última— es solo una oportunidad para proclamar el gran objetivo estratégico global de la nueva dirigencia comunista china que asumió el poder a mediados de marzo pasado, cual es sustituir a EE. UU. como fuerza hegemónica mundial.
En abril de este año, o sea un mes después del cambio de mando en Beijing, los nuevos dirigentes chinos aprobaron en una encerrona el “Documento Número 9”, el cual es secreto pero una copia fue filtrada al periódico The New York Times. En ese documento estratégico, los nuevos líderes chinos —quienes según los observadores se proponen seguir por el camino del desarrollo capitalista hegemonizado por el Estado, pero políticamente son más retrógrados que el liderazgo anterior—, definieron los siete peligros o amenazas fundamentales que, según ellos, representa Estados Unidos en particular y Occidente en general, para el modelo chino de país y sociedad de gran desarrollo capitalista estatal sin libertad ni democracia.
Por eso lo que los dirigentes comunistas chinos califican como amenazas de Occidente, son nada más y nada menos que los valores y principios fundamentales de la libertad y la democracia. En el orden de tales “amenazas” descritas en el documento, aparece en primer lugar la democracia constitucional y a continuación siguen: la participación civil, los derechos humanos, la libertad de prensa, el neoliberalismo, el mercado libre y la crítica al pasado del partido, es decir, a los crímenes genocidas cometidos durante la época de Mao Zedong y de “la pandilla de los 4” que encabezó la mujer de Mao.
De manera que no es casual que en China arreciara en los últimos meses la represión contra los disidentes y el control gubernamental de internet para tratar de detener el desarrollo de las redes sociales. Pero al mismo tiempo esto indica que en el Documento Número 9 no solo se expresan los objetivos de la dirección comunista china, de perpetuarse en el país y expandirse por el mundo, sino que también se refleja el lento pero incontenible crecimiento, dentro de la sociedad china, de las ansias de libertad y las demandas de cambio democrático.
Ansias que son ineludibles porque la libertad y la democracia no son valores exclusivos de Occidente, los que dimanan de la naturaleza humana, corresponden a la dignidad de la persona y pertenecen a toda la humanidad. Inclusive a los chinos y también a los nicaragüenses.