REDACCIÓN INTERNACIONAL/EFE
La llegada del italiano Pietro Parolin, de 58 años, quien ayer se convirtió en el 59 Secretario de Estado de la era moderna del Vaticano, y la salida de Tarcisio Bertone, de 79 años, supone la vuelta de un diplomático a la “presidencia del Gobierno” de la Santa Sede y el comienzo, en la práctica, del pontificado de Francisco.
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Benedicto XVI mantuvo a Bertone contra viento y marea, al confiar ciegamente en él, y Francisco lo mantuvo como su “número dos” los primeros siete meses de su pontificado, un tiempo prudencial que se suelen tomar los sucesores de Pedro cuando llegan al papado y que les sirve para ir perfilando las líneas del pontificado.
De ahí que los observadores vaticanos consideren el comienzo “efectivo” de los pontificados a partir del nombramiento del secretario de Estado, al entender que hasta entonces el papa elegido sigue lo marcado por el anterior.
La llegada de Parolin supone la vuelta a la tradición de un diplomático al frente de la Secretaría de Estado y a la norma no escrita de que si el papa es “extranjero“, el “primer ministro” debe ser italiano. Pero también supone un cambio radical, ya que Francisco pretende rebajar las competencias de la Secretaría de Estado, hasta ahora una todopoderosa “presidencia del Gobierno”, para dejarla reducida a una secretaría del papa y quitar competencias a su titular.
Según fuentes vaticanas, Francisco tiene previsto nombrar un “moderator curiae”, un moderador para coordinar los diferentes dicasterios de la Santa Sede, y que también asumiría una amplia parte de las competencias que hasta ahora tenía Bertone.
Parolin está considerado un hombre de la misma “línea” de Francisco, que coincide en la necesidad de esos cambios, abierto, competente y que no duda en expresar su opinión ante temas tan delicados dentro de la Iglesia como el del celibato sacerdotal, del que recientemente dijo que no es un dogma y que se puede discutir.
Además, goza del afecto de gran parte de la curia romana (donde trabajó entre 2002 y 2009) y procede de la Pontificia Academia Eclesiástica, la escuela diplomática del Vaticano. Francisco resaltó ayer que Parolin conoce “muy bien” la Secretaría de Estado y que en un cierto sentido “se trata de una vuelta a casa”.
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